10 cosas que tuve que aprender para adelgazar

Adelgazar puede ser la mejor experiencia a la que nos enfrentemos, no tanto por los resultados -que también- sino porque durante el proceso aprenderemos y descubriremos muchas cosas.

Siempre lo digo y siempre lo diré; adelgazar es algo que te cambia la vida. Pero no porque cuando te mires en el espejo te verás mucho mejor estéticamente, sino porque para hacerlo, y hacerlo de verdad, te vas a ir viendo inmersa en un viaje en el que aprenderás no sólo los fundamentos de la vida saludable, sino una vida sana en todos los sentidos.

Muchísima gente no consigue adelgazar, o lo consigue y vuelve a coger peso, o no llega a la meta que se habían marcado. Las estadísticas a este respecto son escalofriantes (puedes verlas en este enlace: Los españoles y la pérdida de peso) y no dejan lugar a dudas; algo estamos haciendo mal. Y, desde mi experiencia, creo que lo que hacemos mal es el planteamiento. Podría disertar durante horas sobre qué planteamientos se hacen mal, desde la superficialidad del combo dieta + ejercicio olvidándonos de lo que nos lleva a tener kilos de más, a las creencias, el origen de las motivaciones y otros factores, pero hoy me quiero centrar en algo de lo que poco se habla: lo que se debería aprender incluso ANTES de abordar el proceso de adelgazamiento propiamente dicho.

Hay momentos para hacer dieta, y momentos para no hacerla.

No siempre tenemos la misma motivación, ganas o escenario vital para poder hacer una dieta y llevarla a buen término. No importa. Yo, con mis clientas, siempre les hago entender una cosa: prefiero que no estés a dieta a que no estés cómoda con la idea de estarlo. Estar a dieta pero sentirte mal por ello es caldo de cultivo para dejarla de lado a la mínima de cambio y volver al ciclo de frustración. Si no tienes el horno para bollos, no hornees. Si pretendes comenzar una dieta, antes pregúntate ¿estoy en el escenario vital que me permite sentirme cómoda e ilusionada con hacerla?

Aprende a responsabilizarte de tu alimentación.

No tiene que ver con compensar; compensar puede ser en negativo o en positivo. Por ejemplo, he comido mucho así que ahora te fastidias y te comes una ensalada (aquí también hay algo de castiguito por haber sido mala) pero también podemos caer en eso de “como he comido poco, esta noche ¡viva la Pepa!” y darte carta blanca para comer casi compulsivamente. Responsabilizarnos de nuestra alimentación conlleva aprender a escoger lo mejor para nosotras en todo momento, hacer elecciones que nos cuiden pero, ante todo, comprometerse contigo misma a escoger las mejores opciones para ti. Cuando escojas algo de comer, pregúntate ¿estoy siendo responsable conmigo misma?

La comida es nuestra aliada.

Sí, muchas veces vemos la comida como nuestra enemiga, algo que puede con nosotras, que está por encima de nosotras y nos manipula ¡como si por la mañana los cruasanes nos abrieran la boca a la fuerza y se metieran en ella sin nuestro consentimiento! No. La comida te ayuda a estar bien, a sentirte fuerte, a alimentar a tu cuerpo, a darle lo que necesita en todo momento. No puedes hacer las paces con alguien a quien consideras tu peor enemigo, y si no haces las paces con la comida, difícilmente te sentirás bien en tu relación con ella. Cuando elijas una comida, pregúntate ¿me ayuda a conseguir mis objetivos?

Mi cuerpo, mis normas.

Yo fui la primera; si un médico me decía que tenía que hacer algo, aunque no estuviera de acuerdo, aunque supiera que iba a fracasar porque éso no era para mí, decía que sí, lo hacía un par de días y luego me olvidaba. Aunque tu endocrino o tu nutricionista sepan mucho, si tú no te sientes bien con aquéllo que te imponen, díselo claramente y que adapten tu tratamiento a ti. Si no estás de acuerdo con tratamientos, por ejemplo, que conlleven pastillas -como es mi caso- y te dicen que te tienes que tomar unas pastillitas mágicas, niégate. Si te imponen dejar el pan de raíz y no te sientes capaz, díselo. Ante un nuevo método o proceso de adelgazamiento, pregúntate ¿Estoy de acuerdo de verdad con él?

Comes lo que eres.

Nos dicen que somos lo que comemos, pero yo no estoy de acuerdo. Creo que comemos lo que somos. Por ejemplo, el día que “somos” un desastre, comemos mal, a deshoras, desorganizadas, etc. El día que eres cariñosa contigo misma y te conviertes en tu foco de atención, comes cosas que te cuidan, que te gustan y te hacen sentir bien. El día que eres intransigente, es probable que te obligues a comer cosas que no te gusten demasiado (o incluso nada), pero que están dentro de la “disciplina”. Cuando te cojas comiendo determinados alimentos pregúntate ¿Qué estoy siendo que me lleva a comer ésto?

Mi relación con la comida me indica mi relación conmigo misma.

En línea con el anterior punto, el cómo me relaciono con la comida me dice cómo me relaciono conmigo misma. Por ejemplo, si uso la comida para relajarme porque mi vida es un puro estrés, quizás me esté exigiendo demasiado. O si uso la comida para tener algo dulce en mi vida, quizás asumo demasiado responsabilidades que ni me tocan ni quiero tener. La relación con la comida es la punta de un iceberg y lo que necesitamos cambiar es la parte de ese iceberg que no se ve. Cuando te veas comiendo algo que no quieres, que te sienta mal o que no te ayuda en tus objetivos, pregúntate ¿Qué me está pasando para hacerlo?

Haz las paces contigo misma.

De verdad, no importa las veces que no lo hayas conseguido, los años que lleves viviendo en el yo-yo o lo mal que te sientas por vivir en una espiral. Ni te mereces “ser una gorda porque eres incapaz de adelgazar”, ni eres mala persona, ni otra sarta de burradas que nos decimos a nosotras mismas. Has hecho lo que has hecho y has vivido lo que has vivido hasta este momento. Bien. No está de más analizarlo para saber qué nos ha traído a este punto y por qué, pero lo importante es qué quieres hacer a partir de ahora con todo éso. No te machaques, aprende a usar tu experiencia anterior en tu beneficio. Reflexiona un poco y piensa ¿qué necesito para sentirme en paz conmigo misma?

Mi autoestima, lo primero.

Recupera tu autoestima y cuídala. No te impongas retos que son imposibles de conseguir, como pasar de una sedentarismo total a 6 días de gimnasio 3 horas al día porque no lo vas a conseguir por lo que volverás a sentirte frustrada y echándote cosas en cara. Pero además hazte esta reflexión; Tendemos a pensar que nuestra autoestima se ve mermada por los kilos de más, pero si aquéllas cosas a las que amo (me da igual que sean tus hijos, tu familia, tus amigos o tu pareja) las cuido, ¿será que si no me cuido es porque no me amo?

Adelgazar es efecto de aprender a cuidarme.

Ya sé que adelgazar es el objetivo, pero es mejor que el objetivo cambie y sea “aprender a cuidarme”. Cuando aprendes a cuidarte, cuando conoces la importancia de ti misma en tu propia vida, empiezas a escoger lo que te hace bien, lo que incluye dejar de lado determinadas situaciones que te estresan o te frustran (y por las cuales recurres a la comida), aprendes a escoger lo mejor para ti (incluyendo la mejor comida y la más saludable) o aprender a decir no cuando quieres decir no (por ejemplo, a esa tarta de limón con merengue que te hace tu madre todos los domingos) y a decir sí a lo que quieres responsabilizándote de las consecuencias. Por tanto, adelgazar es un efecto secundario de aprender a cuidarse, pero no debería ser tu único objetivo ni el principal. Analiza qué es para ti cuidarte y piensa ¿me estoy cuidando cuando escojo según qué cosas en mi vida?

Ni el estar gorda causa todos tus problemas, ni dejar de estarlo los va a solucionar.

Cuando estamos gordas, creemos que todo lo malo que nos sucede es por esos kilos de más y que si los quitamos de nuestra vida, nos va a querer ese tipo que no nos hace caso, obtendremos un mejor trabajo, más amigos, mejor vida social o cualquier otra cosa que deseemos pero no tenemos. ¡Ñek! ¡Error! No voy a negar la existencia de prejuicios sociales contra la gente que tiene kilos de más (yo misma los he vivido incluso cuando llegué a mi normopeso) pero no podemos culpar de todo lo que nos sucede a nuestros kilos de más. Quizás ese chico no te haga caso no por tus kilos, sino porque no quiere. No hay más, aunque adelgaces, si él (o ella) no quiere, no querrá. O tal vez no encuentres mejor trabajo no porque no te quieran contratar en otro sitio por tu aspecto físico, sino porque no te arriesgas a llamar a decenas de puertas por miedo al “no”, así que la causa no son tus kilos sino tu timidez o tu miedo al rechazo. Si quieres comenzar a cambiar cosas, no esperes a que suceda algo, empieza a trazarte un plan de acción y ve hacia tus objetivos. Pregúntate ¿qué es aquéllo de lo que culpo a mis kilos de más pero que puedo comenzar a cambiar ahora?

 

Obviamente, no son las únicas cosas que aprendí. Aprendí mucho más y, de hecho, cada día lo sigo haciendo. Pero si antes de empezar de lleno un proceso de adelgazamiento eres consciente de que, ante todo, adelgazar es un proceso de aprendizaje en el que tendrás que profundizar y comenzar por cambiar la perspectiva sobre muchos temas, sobre ti la primera, es más que posible que la próxima vez que emprendas tu viaje, lo completes. Y cuando llegues a la meta no sólo estarás más delgada, sino más llena de ti misma.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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Los libros, a un click

Soy mas lista que el hambre Alicia en el país de las rosquillas, de Eva Campos NavarroUna Alicia especial, que te llevará a través de tu relación con la comida por un viaje de autodescubrimiento. O elige comenzar a ganar siendo más lista que el hambre. Dos libros relacionados pero muy diferentes entre sí que te ayudarán a reconocer las verdaderas razones de tu lucha constante contra los kilos de más y cómo acabar con ellas. Para siempre.  

Y tú, ¿qué piensas?