4 Tallas más y un fondo de armario por si vuelvo a engordar

 

 Ayer, mientras hacía zapping, me encontré con uno de esos programas de cambio de look. 4tallasMás allá del programa en sí, que puede tener muchos fallos.. o no -sobre gustos no hay nada escrito y ese sería un interesante debate- lo que me llamó la atención era la persona que protagonizaba el programa. Una chica de 31 años que había perdido 30 Kgs de sobrepeso y que más allá de ir “tó mona” seguía usando su ropa de “gorda”.

Más habitual de lo que pensamos.

El programa consiste en que la familia/pareja/amigos de una persona que, en líneas generales es un “desastre” –según su percepción- en cuanto al arreglo externo (maquillaje, ropa y peinado) eligen ropa y peinado para esta persona, y le “enseñan a tener estilo”. O eso se creen. El caso es que cogen a alguien querido y modifican su aspecto externo tanto como el presupuesto del programa da de sí.

La presentadora -una asiática preciosa y con un estilo muy especial- comenzaba el programa diciendo que ese episodio era especialmente indicado para aquellas personas que habían perdido peso pero no habían cambiado su forma de pensar. Y no, no se refería a sus hábitos, sino a cómo se veía la persona en cuestión a sí misma.

 La historia, harto habitual, era una mujer que tras el instituto engordó llegando a pesar casi 140 Kgs. Obviamente, aun adelgazando 30 Kgs, no estaba en su peso sano, así que seguía insegura y usando su estilo y su talla anterior. En realidad lo que había pasado es que pese a su logro, seguía sintiéndose dentro de un cuerpo y una vida de gorda. Siquiera llevaba ropa de su talla actual, aunque no fuera una talla de modelo.

Sin embargo, aunque pueda parecer increíble, este tipo de actitud es mucho más habitual de lo que parece: “Creo que ese vestido no me va a caber”, “Voy a parecer un pollo vestido de rosa”, “Nunca llevo colores”, “¡Oh, si tengo cintura!” y una buena dosis de frases típicas que surgen cuando hay un cambio de peso pero no de consciencia.

Porque en tu mente, sigues siendo gorda.
Porque tu percepción sobre ti misma no ha cambiado.
Porque tu identidad (es decir, aquello que crees que eres y, por tanto, hace que te comportes como te comportas) sigue siendo “soy una gorda”.
Porque nadie te cuenta qué pasa después.
Porque no se trabaja la adaptación a la nueva vida mientras se va consiguiendo esa nueva vida.

El resultado de todo ello no es sólo que no disfrutas del camino, sino que con total probabilidad, volverás a ser aquello que piensas que eres: gorda.

Una de las cosas que sucede cuando se pierde peso es que la percepción sobre nosotras mismas sigue sin cambiar. Tanto es así que muchas veces se mantiene la ropa del peso anterior porque, de alguna forma, pensamos que volveremos a coger el peso, así que inconscientemente mantenemos ropa y patrones del pasado: no hemos hecho un cambio a nivel profundo, sólo a un nivel superficial. Y, además, con este tipo de actitud lo que hacemos es sencillo: ninguneamos nuestros logros y nuestro esfuerzo. Aunque sepamos que nos ha costado dios y ayuda, aunque tengamos el convencimiento de que lo hemos hecho bien, cuando no mostramos al mundo nuestros logros nos estamos diluyendo y, por tanto, no nos damos valor; adelgazar no va a hacerte recuperar tu autoestima porque sí, ni vas a ser más feliz sólo porque pierdas unos Kgs de más. Es un proceso completo, que incluye mente y cuerpo.

Así que plantéatelo de esta manera: mi reto no es adelgazar, mi reto es conseguir una vida y una mente sana, mi reto es querer cambiar aquello que me daña.

Mi reto es amarme con todas las consecuencias.


Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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