40 cosas que hacer durante mis 40

Hace unas semanas tuve una magnífica charla con Idoia Cantolla, una mujer que ve el mundo de una forma que, sinceramente, me apasiona. Ella me contó que todos los años, durante las fechas de su cumpleaños, se plantea 100 cosas que hacer durante su año personal. La idea me pareció maravillosa, pero mucho más su relato de cómo el hecho de llevar a cabo anualmente esas 100 cuestiones le había mostrado la cara más bella de muchas personas que, sin conocerla personalmente, le habían apoyado, dado pistas e incluso ayudado a llevar a cabo su listado. También supuse que un reto así no sólo ayuda a conocer y superar algunos límites, sino a decir “sí” a cosas que, quizás, no nos atrevemos a hacer.

Y la idea me cautivó por completo. Así que me puse manos a la obra y comencé a pensar en mis 100 retos personales para este año que comenzó el 21 de Junio. Pero entonces me di cuenta de que yo tengo una limitación física importante y que, tal vez, no consiguiera hacer ni la mitad de esas 100 ideas, así que me propuse el mismo reto pero adaptado a mi situación; 40 cosas que hacer durante el año que tengo 40 años. Y aquí os dejo esos pequeños y grandes retos:

  1. Ayudar o hacer algo por alguien sin que lo sepa. Me gusta ayudar a la gente, esa es la verdad. Y muchas veces ya hago ese algosinquelosepa pero en este caso pienso más en Ameliè, que ejercía de pequeña duenda para los que estaban a su alrededor. Quizás ella se extralimitaba; siempre he pensado que se metía en donde no la llamaban, pero teniendo los límites claros me parece que ejercer de duenda puede ser un regalo, ante todo, para mí misma.
  2. Hacer el favor más rocambolesco que alguien me pida. Sí, a veces las personas no pedimos favores porque los consideramos extraños, surrealistas o insólitos. Bien, a mí me gustan las cosas extrañas, surrealistas e insólitas, así que si alguien tiene una idea que vaya por estos derroteros, soy toda oídos.
  3. Terminar de restaurar mis muebles. Vivo en una casa con muebles antiguos que me encantan -la gran mayoría-. Pero están o viejos, o demasiado oscuros, o ambas opciones. Así que poco a poco he ido restaurando, cambiando y dando color a esos habitantes de mi hogar. Pero por pereza, falta de tiempo o de organización, no he acabado de hacerlo aún. Este año es el año.
  4. Deshacerme de, al menos, 5 bolsos y 5 pares de zapatos. Me encantan los bolsos, los complementos, los zapatos, etc. Pero sí que es cierto que muchos que siguen conviviendo conmigo lo hacen por el recuerdo que me traen o por la ilusión de volver a ponerme taconazos alguna vez en mi vida, cosa que jamás sucederá ya. Así que hay que empezar a decir adiós.
  5. Comenzar a escribir una novela. Me encanta escribir. Llevo escribiendo desde que aprendí a coger un lápiz aunque durante una época de mi vida bastante dilatada olvidara cuál era realmente mi pasión. Y hace un par de años, mi amigo y librero de cabecera Javier, empezó a empujarme para que empezara a escribir ficción. Pero reconozco que me da miedo; como todo lo desconocido, siempre se genera un pequeño temor a no hacerlo bien, a no saber hacerlo o incluso a no querer realmente hacerlo. Pero, ya me conocéis, creo que los valientes son aquéllas personas que no dejan que el miedo les paralice, así que ¡a por ello!
  6. Escribir, sea lo que sea, al menos 5 días en semana. Y es que lo reconozco, a veces soy perezosona.  Pero se acabó la desidia, este año quiero tirar adelante varios proyectos que conllevan letras, así que quiero aprender esa disciplina de los que otros hacen gala y a mí tanto me cuesta.
  7. Terminar todos los libros que pase de la página 30. Me encanta leer pero tengo que admitir que a veces me es difícil centrarme en un único libro y, aunque me guste y me enganche, lo voy postergando. Así que he decidido terminar todo libro que pase de la página 30, que creo que es el límite para saber si va o no conmigo. Por cierto, ahora mismo tengo 7 libros que he pasado de esa página, así que a terminarlos.
  8. Dejar el móvil en casa de vez en cuando. Vale, admito que cuando estaba escribiendo el enunciado de este punto, había puesto “una vez en semana”, pero sé que no lo voy a hacer. Quizás para el “41 cosas que hacer a los 41” sea capaz, pero por ahora con un “de vez en cuando” me siento más cómoda. Nota: La semana pasada ya lo hice, salí una tarde sin el móvil y fue bastante extraña la sensación, pero al cabo de unas horas ya ni me acordaba de que “tenía” que mirar el móvil. Eso sí, cuando llegué a casa, estaba frita a mensajes y llamadas perdidas. La próxima vez no se me olvidará avisar de que estoy en una tarde sin móvil.
  9. Volar al menos dos veces. Y no, no me refiero a coger aviones, sino coger ala deltas, parapentes, saltos en paracaídas o incluso globos. Me encanta volar, la sensación que tengo cuando estoy en el aire es de total paz y libertad. Lo que a otras personas les aterroriza, a mí me calma de una manera espectacular, pero hace tiempo que no dejo que mis pies no toquen suelo, así que este año quiero regalarme al menos dos de esos momentos.
  10. Ir a Barcelona como mínimo 3 veces. Me encanta Barcelona, pero más me gusta la gente que quiero y que habita por allí. El año pasado, entre mis problemas de salud y otras cuestiones personales, sólo pude hacerles una visita. Este año les quiero en mi vida más. Y conocer en persona a gente que vive por allí y que desde la distancia, tengo ganas de abrazar.
  11. Construir algo para alguien. Vale, quien dice “construir”-que queda como muy de mono, rodillo y  paleta- dice crear. Un muñeco, una cesta, un cojín. Pero hacer algo para alguien con mis propias manos.
  12. Coger los patines de nuevo. Una vez más, mis problemas físicos y mis temores asociados a ellos me han hecho alejarme de algo que realmente quiero hacer. ¡Pis, pas! Este año, sí o sí, me vuelvo a enfundar mis patines.
  13. Hacer topless. Vale, sí, siempre he ido en pelotas por el mundo, pero no desde que me arrebataron mi pecho. Para mí ha sido muy duro verme sin una parte de mi anatomía que más allá de lo estético, tiene un significado de identidad. Han habido momentos realmente duros que me han hecho tocar fondo y aún a día de hoy, no me siento 100% del tiempo bien con mi cuerpo y la historia que ha pasado. Yo no soy una superviviente de cáncer, así que el beneficio obtenido por la pérdida del pecho no supera en ningún caso el coste, más bien lo contrario. Pero poco a poco voy aceptando que mi cuerpo ahora es así y que no lo tengo que esconder, no a los demás, sino a mí misma. Así que volveré a hacer exactamente lo que hacía antes; ir en pelotas, o en top less, por el mundo.
  14. Hacerme un tatuaje. Me encanta tatuarme, me encanta el color en mi piel, me encanta ver cómo mi cuerpo cuenta una historia. Así que, después de varios años, vuelvo a meter color en mi piel. Nota: La semana pasada lo hice, en el  muslo -otra de las zonas corporales que me han acomplejado toda la vida-. El sitio ha sido difícil y peliagudo, así que aún no está curado. Diría que poner ésto es trampa porque ya está hecho, pero la lista la diseñé hace ya varias semanas 😉
  15. Mandar postales pintadas por mí. A ver, que yo de dibujar y pintar, ni idea. Lo hago bastante mal, de hecho. Pero ¿Y qué? Me gusta hacer garabatos con acuarelas, siempre me ha gustado. Y colorear. Y quiero retomar el viejo uso de contar la vida o dar impulso a alguien en un pequeño espacio de papel.  ¿Os acordáis la cara de ilusión cuando abríais el buzón y alguien os había enviado una postal? Aunque sólo dijera “Estamos de vacaciones en Torremolinos. El hotel está bien, pero la comida apesta. Volveremos en unos diez días, menos cuando recibas esta postal. Te echamos de menos” y la rúbrica de toda la familia intentando acoplarse en los márgenes. ¡Era fantástico! Así que este año, voy a enviar postales. Si queréis que os envíe una, decídmelo, pero os pongo una condición; que enviéis vosotros otra, a quien queráis, a mí, a un pariente lejano, o a vuestra vecina que está tan sola. Nota: Ayer por la tarde, en una tienda de estas modernashipsters llenas de tonterías , encontré blocs de postales para colorear y de papel de acuarela. Algo tiene que significar, ¿no? 😉
  16. Diseñar un sujetador sexy para mujeres mastectomizadas. Si ya es duro verte sin un pecho, sentir la pérdida de parte de tu femineidad, si encima te tienes que ver con estas bellezas en el cuerpo, apaga y vámonos. Cuando yo no tenía prótesis interna, tampoco la llevaba externa, así que los sujetadores los tuve que tunear cortando la cazuela que no tenía uso y más o menos pude usar algunos que me hacían sentir bella. Sin embargo, muchas mujeres que conocí con mastectomía se sentían feísimas y me decían que los sujetadores no ayudaban en nada de nada, además de no existir sujetadores si no querían llevar prótesis externa. Así que me gustaría aportar mi pequeño granito de arena a que esas mujeres se sientan bien con su cuerpo y con su ropa y puedan escoger llevar o no prótesis sin dejar de sentirse bellas. ¿Alguien conoce a algún diseñador en la sala?
  17. Enseñar a hacer cocido y fabada a mis vecinos chinos. Tengo un piso de estudiantes contiguo a mi a casa. La verdad es que no sabían si siquiera vivía allí alguien hasta que un día tocaron a mi puerta; eran cinco estudiantes chinos entre 18 y 21 añitos que se han mudado para estudiar primero español y luego, una carrera. Me pidieron que les ayudara con un problema con Movistar (¡Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho!) y su segunda petición, casi súplica, es que les enseñe a hacer fabada y cocido madrileño. Así que, a ver cómo nos apañamos (no hablan ni papa de castellano y yo les he prometido no hablarles en otro idioma) pero a por ello vamos.
  18. Hacer un sombrero. ¡Me encantan los sombreros! y los tocados, y todo lo que pueda llevar en la cabeza (excepto los cuernos, para los más avispadillos :P) Y hace años, me los hacía yo misma. Voy a recuperar mi maleta de mimbre y a hacer uno que quiero estrenar en algún evento en el que no pegue nada llevar sombrerito.
  19. Leer en português. Hace muchos años tuve la suerte de vivir en Portugal. Aprendí portugués leyendo Harry Potter y siendo corregida por mis amigos y compañeras de piso, llegando a tener un nivel casi  bilingüe. Pero hace muchos años que no uso el portugués así que quizás, quién sabe, lo estoy perdiendo. Voy a volver a leer en português. El problema es que los libros que he encontrado cerca de mí, no me hacen pasar de la página 30 🙁 ¿Por qué lo libros en lengua extranjera que importan son taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan aburridos?
  20. Volver a Lisboa. La que fue mi tierra un tiempo, la que me dio momentos inolvidables, la que me acogió como una más. ¡Cómo me gusta Lisboa! Pero, lo de siempre, hace años que no… Este año, sí o sí, volveré a Lisboa.
  21. Hacer una bonita sesión de fotos mostrando mis cicatrices. Casi un metro de cicatrices quirúrgicas decoran mi cuerpo. Poco a poco las voy aceptando e introduciendo como parte más de mí y de mi vida, pero me gustaría hacer algo bonito, algo bello que me ayude a admirarlas y, quizás, pueda ayudar a alguien a no sentirse mal con las suyas propias.
  22. Llamar a alguien que me importe una vez en semana. Sinceramente, creo que con el whatsapp y otros medios de comunicación, eso de coger el teléfono y llamar a alguien y preguntar con sinceridad cómo está, se está perdiendo. Cuando te comunicas por whatsapp o redes, no estás escuchando; puedes estar haciendo otras cosas mientras, incluso hablando con varias personas. Y la gente que me importa se merece mi atención. Así que voy a llamar más y whatsappear menos.
  23. Salir más. Sí, salir más, hacer más cosas. Durante todos estos años, he estado muy encerrada en casa. El dolor crónico se convierte en un pilar alrededor del cual acabas creando tu vida. Gracias a una gran médica de la Seguridad Social, ese dolor crónico se ha acabado así que ahora tengo ganas de salir, de hacer, de vivir más en la calle. Cuando llegue el momento de enfrentarme a nuevas intervenciones, veremos, pero por ahora tengo unos meses en donde puedo vivir con un dolor bastante acotado y, por tanto, hacer más cosas.
  24. Decir sí a más cosas. Lo mismo, el dolor crónico y las consecuencias emocionales y psicológicas de todo lo que he pasado, me han hecho encerrarme y dejar de lado planes que podrían apetecerme pero que me daban miedo hacer. Si me apetece, lo hago. Y si algo me apetece y nadie lo propone, también.
  25. Abrazar mucho. El primer día que le pude dar un abrazo fuerte, de esos que casi meten a la otra persona entre tus propias costillas, a mi madre, se me escapó una lagrimilla. Demasiado dolor, demasiados palos de ciego médicos, demasiado no poder valerme por mí misma, no poder dejar que nadie se me acercara porque lloraba con el roce simplemente de una caricia. Hoy, se acabó. Así que pretendo abrazar, abrazar mucho y bien.
  26. Visitar a alguien que viva fuera. Tengo amigos en Los Ángeles, Londres, Ciudad de México, Santiago de Chile, y muchas zonas de Europa. Familia desperdigada por Europa y Australia. Y, aunque las redes acercan, ¡quiero abrazarlos en persona! Así que al menos una escapada para ver a alguno de ellos, quiero hacer.
  27. Jugar en una piscina de bolas. No necesita más explicación, ¿no?
  28. Liberar notitas buenrolleras. Hace años liberaba libros. Dejaba escrito en la primera página del libro lo que ése libro me había aportado y por qué lo dejaba libre. Liberé decenas de ellos pero sólo tuve la suerte de poder ver la cara de alguien que lo rescataba un par de veces. Más que suficiente como para saber que a veces una frase, un pequeño gesto en el momento adecuado, nos da la vida. A vosotros, en mi instragram, también os libero frases de vez en cuando.  ¿Por qué no hacerlo para quienes no tienen redes sociales? En mi línea, eso sí.
  29. Hacer un proyecto bien bonito y chulo para decorar cicatrices. Dicho así, suena la mar de raro, pero todo está en mi cabeza y creo que si consigo sacarlo adelante, os va a encantar. Desde ya quiero dar las gracias al ilustrador loco y maravilloso que me dijo “¡Hostias, cómo mola! Yo me apunto”  y cuando le dije que no hay ni un duro de por medio, me contestó “¿Y qué más da? Me encanta el proyecto y puede ayudar a mucha gente”. Con gente así da gusto (del resto, ni os hablo).
  30. Dejar entrar en mi vida sólo a personas bonitas. Hay mucha gente preciosa en el mundo, y no hablo de estar buenorro o buenorra, sino de esas personas bonitas, que tienen cosas preciosas en su interior y que además, las dan. Del resto no quiero saber nada de nada; mi vida personal es el mayor tesoro que tengo, y así la voy a cuidar.
  31. Hacer un viaje en coche sola de más de 4 horas. Ays, otra vez más, el miedo, el dolor, cof cof cof. Siempre he viajado sola largas distancias, nunca me ha importando conducir durante horas. Pero desde lo del pecho, que supuso -entre otras cosas- tener que dejar de conducir, plantearme viajes largos es un logro. Pues nada, Evita, a por ello.
  32. Comenzar a preparar mi viaje para ver un volcán activo. Sí, me va la marcha. Me encantan los volcanes y, desde que era niña, siempre he querido ver uno en activo. Ver la lava, sus tonalidades, sentir su calor,… Un sueño que pretendo hacer realidad. Así que este año comenzaré a informarme de dónde, cómo y cuándo se puede hacer. Y si todo cuadra, ¿quién sabe si incluso llevarlo a cabo?
  33. Aprender una nueva técnica de algo. Puede ser cocina, masajes, restauración de muebles, etc. Lo que sea, pero técnico y nuevo.
  34. Usar faldas más cortas. Yo y mis muslos, mis muslos y yo. Siempre han sido gruesos, en algunos puntos de mi vida, enormes. Y a día de hoy, llenos de lipodistrofia (una celulitis muy bestia) y de pellejo que no se va a reabsorber ya. Bueno, vale, ¿y qué? Si me apetece llevar algo más corto, lo haré. Superar el miedo a qué dirán ya no es el reto. Es dar a mis muslos lugar en mi vida, darles libertad de ser lo que son. Mirarlos con tanto amor como miro otras partes de mi cuerpo. Nota: El día 23, es decir, dos días después de mi cumpleaños, me compré un peto vaquero más corto de lo habitual para mí. Pocos días después, me lo puse, salí a la calle y ¡sorpresa! la única que miraba mis muslos era yo. Y me sentí genial. Tengo que aprender a controlar eso de agacharme porque como siempre llevo ropa por la rodilla o más abajo, la técnica de no enseñar la ropa interior no la tengo muy depurada, pero todo es práctica.
  35. Comprar más flores, tanto para mí como para otras personas. ¡Me encantan las flores! Mis favoritas; las orquídeas. Pero me apasionan la flores de todo tipo, tamaño, forma, color u olor. He comprado un jarrón y pretendo que sea habitado con asiduidad por esas pequeñas obras de arte que la naturaleza nos regala.
  36. No comprar más plástico. Tratar de cambiar los utensilios caseros de plástico por cristal u otros materiales sostenibles, intentar no comprar alimentos que vengan en plástico (aunque sé que ésto no es muy factible) y desechar todo aquéllo cuyo empaquetado sea básicamente plástico. Creo que si todos lo hiciéramos, nuestro plantea y las generaciones futuras nos lo agradecerían.
  37. No cambiar tecnología si no lo necesito realmente. Tendemos a cambiar los móviles, tablets u otros bichos tecnológicos que nos acompañan antes de que en realidad sea necesario. Para mí éso se acabó; seguiré con mis viejos cacharros hasta que decidan despedirse de mí.
  38. Comer un flan o una tarta sin manos. ¡Sí! Y mancharme la cara, y la ropa, y reírme a carcajadas.
  39. Hacer yo misma los juguetes de Celia. Celia, mi gata, es muy juguetona pero se cansa con rapidez de las cosas. Supongo que como todos los peludos. El caso es que como mamigatuna novata, le compré muchísimos juguetes y me he dado cuenta de que los que más usa son los que le fabrico yo misma, así que a partir de ahora, se acabó comprar nada para ella. Imaginación y manitas, y a hacerle yo todos sus juguetes. Y si tenemos la suerte de compartir vida con algún peludote más, lo mismo.
  40. Proponerme más cosas que hacer si mis limitaciones físicas me dejan. Y contároslo.

Ahora que he acabado de escribir mi lista, me doy cuenta de que hacer algo así ya de por sí es terapéutico y maravilloso porque muestra quién eres, qué limitaciones consideras que tienes, los miedos a superar, las ilusiones, los sueños y los temores de quien la escribe. Y me ha gustado abrirme así. Os lo recomiendo totalmente.

Ahora lo único que queda por saber es si la completaré o no. Y si te animas a hacer tu lista, por favor, no dejes de contármelo 😉

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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