Aceptarnos tal y como somos, ¿excusa o realidad?

excusas-aceptarse“Me acepto tal y como soy. Si me ha tocado vivir en un cuerpo gordo, pues bueno, es lo que me toca.” Esto mismo me lo dije yo mil veces. Tanto es así que incluso decoré mi piel con un tatuaje que me lo recordaba. Era así y así tenía que aceptarme y vivir, así que durante años, muchos años, fue lo que hice; vivir mi sobrepeso.

Pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que probablemente el “aceptarnos tal y como somos” sea una de las mayores mentiras que nos podemos decir. No porque en sí, la afirmación, no sea verdad, sino porque en realidad no sabemos cómo somos. Y lo usamos como excusa para no saberlo.

Nadie nace gordo. Nadie nace enfadado con el mundo. Nadie nace depresivo. Puede haber una tendencia genética, pero esa tendencia no determina quién eres, quién serás y cuál va a ser tu personalidad. Eso lo determinan las experiencias vividas, la educación y, sobre todo, cómo nosotros integramos todo ello en lo que ya somos.  ¿Tendencias genéticas? Si. Pero si todo lo decide nuestra genética, si creemos que nosotros no decidimos puesto que ya estamos programados, entonces, ¿qué papel tenemos en nuestra propia vida? ¿Somos muñecos que bailamos al compás de una programación previa a nuestro propio nacimiento?

Aceptarnos tal y como somos es maravilloso. La cuestión es si sabemos realmente cómo somos, qué queremos en la vida y qué herramientas y recursos tenemos para conseguirlo. Y es ahí en donde esa frase se puede convertir en liberadora o en una losa.

Te voy a poner mi propio ejemplo. Yo creía que era una gorda y, por tanto, tenía que aceptarme tal y como era. Pero cuando esto sucede, en realidad lo que estamos haciendo es conformarnos con lo que “nos toca” vivir. Y es entonces cuando perdemos una de nuestras mejores capacidades: la capacidad de modificar lo que no queremos, lo que no nos gusta o lo que no nos hace feliz. Y empezamos a creer que lo que tenemos, en mi caso un cuerpo con sobrepeso, es lo que, bueno, venga, vale…  nos hace feliz. Pero en mi fuero interno sabía que esa no era yo, que eso no era lo que quería, que esa no era mi vida. En este caso, esta afirmación era una verdadera losa.

Lo que sucedía es que me había configurado una vida y una personalidad acorde con ella porque estaba tapando mi verdadero yo, porque bajo ese disfraz que me había preparado inconscientemente había un ser maravilloso, vital, fuerte, decidido, lleno de oportunidades, de posibilidades, etc. En definitiva, mi verdadero yo. Pero me daba miedo descubrirlo, porque…

¿Y si lo que descubría no me gustaba?

¿Y si no sabía cómo gestionar eso que descubriría?

¿Y si no le gustaba a mi entorno?

¿Qué podría perder si me mostraba realmente tal y como era?

Y mil dudas más. Mil miedos, mil pensamientos negativos. Al final, mil excusas para no trabajar, para no descubrirme, para no amarme y aceptarme tal y como soy en realidad.

Lo que yo soy, ya lo soy. Está ahí, siempre lo ha estado y siempre lo estará. Pero en muchas ocasiones no nos permitimos brillar o lo hacemos a medio gas, y aceptamos que “somos así, y nada ni nadie nos podrá cambiar”. ¡Claro que no! Sólo lo puedes hacer tú mismo.

Pero no es cómodo. Has de salir de tu zona de confort y comenzar a adentrarte en una nueva realidad; quién eres tú, en verdad. En esencia, en tu interior, sin el efecto de todo lo vivido y todo lo aprendido. Desaprender para volver a aprender. Perdonar y perdonarte. Comenzar a verte con otros ojos. Vivir y vivirte. Y es entonces cuando “aceptarnos como somos” se convierte en una realidad y parte fundamental de tu felicidad.

 

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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