Dejar de ser tú para seguir siendo algo

Últimamente nos encontramos con varios casos de famosas (y famosos, que lo que Maradona se ha hecho no tiene nombre) que cambian prácticamente por completo sus rostros, quizás con la esperanza de mantenerse jóvenes. O quizás con la esperanza de seguir siendo algo.

Pena y compasión.  Esas son las dos palabras que me han transmitido las absurdas imágenes actuales de Renee Zellweger y de algunas otras celebrities que he visto a colación del cambio -sólo de maquillaje- de Uma Thurman. Absurdas porque se han perdido a sí mismas entre las manos de un cirujano. Compasión porque, tal vez, es la única manera de que sigan siendo algo.

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Periódicos, tweets y miles de comentarios en las redes sociales criticando a estas personas respaldados por personas anónimas pero lo que quizás poca gente se ha planteado es que son esas mismas personas las que solicitan, veladamente, que estos famosos acaben entre las manos de esos cirujanos porque vivimos en una sociedad en donde se encasilla, en donde tienes que ser lo que la sociedad espera que seas. ¿Qué pasó en su momento con Meg Ryan? Una mujer encasillada en papeles de “chica guay” y al llegar a la edad madura, poco más la vimos paseando por la pantalla. Hay pocos papeles para exchicasmonasquehancrecidoyenvejecido y no los hay porque, al final, la pantalla da lo que la gente quiere ver y, no seamos hipócritas, envejecer es algo que se rechaza. ¿La arruga es bella? Sí, pero sólo para quien le queda bien. 

Esperamos que las bellas siempre sean bellas, que las delgadas siempre sean sílfides. ¿Cómo reaccionaron miles de personas cuando Tania Llasera engordó debido a su decisión de dejar de fumar? Criticándola e, incluso, insultándola en vez de apoyándola por la más que difícil decisión de dejar un vicio como el tabaco. ¡Eso sí es un ejemplo! A los famosos se les EXIGE una figura perfecta (que, sin acritud, no es lo mismo que cuidarse y siquiera que estar sano porque muchos de ellos tienen que hacer esfuerzos titánicos para conseguirla y mantenerla, cayendo incluso en trastornos de la alimentación), una cara bonita y exenta de arrugas y una sonrisa perpetua aunque por dentro estén sufriendo (¡qué sorpresa nos llevamos al conocer el suicidio de algún cómico!) convirtiéndolos en muñecos en vez de personas, muñecos de carne y hueso que representan en una pantalla lo que deseamos vivir, que presionamos de mil maneras para que se mantengan en un ideal que a cualquiera nos podría costar la salud física y mental y encima ¡criticamos que lo hagan! Titulares como que “Terelu se salta las dietas”, “Madona es una abueli”, “Christina Aguilera se sube a los escenarios pese a su aumento de peso” y un sinfín de titulares absurdos más ejercen no sólo una presión en los famosos, sino que hacen creer a la gente que una persona con unos kilos de más no se debe subir a un escenario, que no se puede ser una cantante brillante y de éxito si pareces abuela o que hacer la compra es saltarse una dieta.

Nos horrorizamos de las dietas de las famosas -que son absolutamente desequilibradas y poco naturales- pero cuando suben 5 kilitos nos horrorizamos aún más; criticamos los cambios drásticos con la cirugía, pero más las criticamos cuando una arruga aparece o cuando dejan de ser el estereotipo que hemos formulado a su alrededor (por ejemplo el de chica buena, protagonista de películas románticas que no pueden ser interpretadas por mujeres maduras) por una sencilla cuestión; el paso del tiempo nos atañe a todos pero idealizamos a los famosos y no queremos que esa fantasía se vea influenciada por lo que mucha gente tiene miedo; la vejez, el sobrepeso y la realidad. Y ellos viven por y para nosotros.

Su trabajo, sí o sí, se basa en su físico. A pocas actrices que no cumplen esos cánones se las permite envejecer con dignidad; sólo a aquéllas que ya hicieron en su momento de su no pertenencia a esos cánones su bandera, o a la media docena de actrices-Diosas del mundo pero el resto tiene la ardua tarea de seguir manteniendo la fantasía de millones de personas que las ven en pantalla bajo una seria amenaza; ser relegadas al olvido y dejar de ejercer su pasión; hacer un mundo más bello a través de sus películas, de su música o de sus programas de tv.

Me entristece sobremanera que alguien tenga que dejar de reconocerse ante el espejo, pero más me entristece el cinismo de una sociedad que critica lo que millones de personas anhelan; no envejezcas nunca, por favor, no cambies nunca, por favor, no rompas mi fantasía, por favor. Así que la próxima vez que una de estas “muñecas” decida seguir las exigencias del guión quizás la pregunta no es por qué se lo ha hecho, sino para qué se lo ha hecho y poco a poco comencemos todos a entender que todas estas superficialidades son responsabilidad de la sociedad, esa sociedad que endiosa y castiga el físico a partes iguales.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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