Cosas a las que las mujeres deberían dejar de tener miedo

Existe una emoción que, probablemente, es la más paralizante de todas; el miedo.  El miedo nos bloquea, nos paraliza. Nos deja pendientes de cuál será el próximo movimiento de nuestro entorno, de qué pasará alrededor, dentro de un rato, mañana, dentro de unos meses, unos años,… Y, al final, nos quedamos como estamos; estancadas. Por ello, dejar de tener miedo es uno de los principales pasos que hemos de dar para sentirnos plenas.

El miedo es la fuente de nuestras preocupaciones, de nuestra ansiedad, de esa búsqueda constante de aquello que nos haga sentir bien, aunque vaya en contra de nosotras mismas. Así que aquí tienes una lista de cosas a las que dejar de tener miedo:

Dietas milagros y desórdenes alimenticios parten de la misma base; miedo a engordar.

A engordar. Si te preocupas por engordar, probablemente llegues a hacer cualquier tontería, como seguir dietas milagro, engancharte cual vigoréxico al gimnasio o incluso dejar de comer y alimentarte mal. Empieza por ocuparte de tener una vida sana, conseguir hábitos saludables y descubrir, si es que los tienes, de dónde vienen tus problemas con el peso. Y úsalos para aprender sobre ti.

 

Si alguien te alaba, piensa que es sólo eso. No desconfíes y disfruta del momento.

A los cumplidos: Sí, parece algo absurdo, pero muchas mujeres no aceptan los cumplidos. La razón suele ser siempre la misma; ellas no se consideran merecedoras de ese cumplido, así que cuando los reciben, no se sienten cómodas e incluso piensan que se les halaga para conseguir algo de ellas. ¡Nada más lejos de la realidad! Toda persona es bella, inteligente, simpática, amable y cariñosa para otras personas, así que piensa que cuando alguien te hace un cumplido, es porque para esa persona lo eres. Y si esa persona utiliza los halagos para conseguir algo de ti, te darás cuenta. Sólo tienes que saber decir no.

 

Saber decir “no” cuando no se quiere algo es una forma de deemostrarte tu propio respeto.

A decir no: ¿Cuántas veces te han dicho “no” a ti? ¿Y qué es lo que ha pasado? Decir “no” nos permite afianzar nuestra personalidad e identidad ante los demás. Permite poner límites para que otras personas sepan qué estamos dispuestas a aceptar y qué no estamos dispuestas a aceptar. A todos nos han dicho “no” en alguna ocasión y eso no significa que nos quieran menos  sino que esa persona en ese momento dado ha sabido calibrar qué es lo mejor para ella y decirlo. Decir “no” a cosas que no queremos hacer es muestra de respeto y amor por nosotras mismas. Así que saber decir “no” demuestra a los demás que nos respetamos y tenemos una sana autoestima.

 

Acéptate tal y como eres; eres maravillosa.

A ser demasiado alta o bajita, tener un pecho demasiado grande o demasiado pequeño, unos tobillos gruesos,… : Eres como eres. Así de claro. Y habrá cosas que puedas mejorar a base de ejercicios, cremas, bisturís o rezos a Lourdes y cosas que sean fisiológicamente imposibles de mejorar. Acéptate como eres, no te disculpes por ser cómo eres, y ¡sácate partido! Un pecho pequeño te permite llevar ropa que con una talla 100 no podrías o unos tobillos gruesos se disimulan con unos botines (que existen también en versión “sandalias”). Los complejos no son ni más ni menos que los miedos a no ser aceptadas. Y si alguien no te acepta por tu físico, ten por seguro que el problema lo tiene esa persona, no tú.

 

Si no terminas una película, no puedes comenzar otra.

A ser abandonada: Uno de los talones de Aquiles de muchas mujeres; no quieren ser abandonadas. Da igual si es porque tu padre viajaba mucho cuando eras pequeña o porque tu madre se olvidaba de recogerte día sí y día no a la salida del colegio, lo importante es saber que a día de hoy, en el presente, hacemos muchas, muchísimas cosas, para que no nos abandonen. Y el resultado es que, ¡sorpresa! Acaban abandonándonos. Si lo piensas fríamente es lógico; para que no te abandonen empiezas por hacer cosas que no quieres hacer, te haces pequeñita, intentas satisfacer todos los deseos de la otra persona sin importarte los tuyos propios y al final, ¡Plop! Desapareciste. Ya no existes como persona independiente, haces todo por ser amada y así no ser abandonada. Pero ya no hay una persona a la que amar, eres sólo una facilitadora de la vida de la otra persona, así que al final se marchan. No les culpes, es que ya no tenían a quien amar. Así que olvida tu miedo a ser abandonada, te han de querer por todo lo que eres, no por lo que haces para no sucumbir a tus miedos. Todo el mundo quiere una persona completa a su lado, y tú lo eres sin tener que hacer cosas que no deseas hacer o que no te hacen bien para que te quieran más. Sea como sea, es mejor terminar todo lo que daña para poder comenzar a vivir lo que hace feliz.

 

Tu sexualidad es tuya; úsala como desees, desde el respeto por ti.

Al sexo: Si hablo con mi abuela, desde luego llego a la conclusión de que hemos avanzado mucho con respecto al sexo. Pero aún queda un regusto a tabú, a que es algo sucio y que es el único objetivo de los hombres. Nada más lejos de la realidad. El sexo es sano, divertido, nos puede unir más con nuestra pareja o ser un elemento de placer. Como decía Woody Allen, el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír. No se trata de que te vayas acostando con todo hombre que pase por delante de ti, sino de que si te apetece hacerlo, lo hagas. Siempre deja claro cuáles son tus pretensiones (si lo que realmente quieres es una relación de irte conociendo poco a poco con ese hombre que acabas de conocer, meterte en su cama a los cinco minutos quizás lo complique. O no). Pero nosotras también tenemos nuestras necesidades sexuales, así que no hay nada de malo en satisfacerlas. Con cabeza y sin prejuicios.

 

Ser una “zorra” o “cabrona” es un cumplido.

A ser llamada “Cabrona” o “Zorra”: Es muy curioso que cuando mis amigos hombres hablan de una mujer como una “cabrona” o una mujer un poco “zorra” suelen referirse a mujeres seguras de sí mismas, que se valoran y se hacen valorar por los demás. Una cabrona es la que no le coge el teléfono siempre porque vive su vida, la que no espera más de quince o veinte minutos cuando ha quedado porque sabe que su tiempo es precioso, o la que con sus actos les demuestra que es una mujer valiosa y sólo permite en su vida gente que la trate como tal. No confundas ser un poco cabrona con ser mala persona. En realidad ser un poco cabrona a día de hoy significa tener dignidad, y mostrarlo. Así que si alguien te dice que eres un poco cabrona, en realidad te está diciendo un cumplido.

 

Cuídate, date tiempo para ti misma. Recarga las pilas y disfruta de tu soledad.

A pedir tiempo para ti misma: A ver, despertarse, preparar el desayuno, llevar a los niños al colegio, salir corriendo hacia el trabajo, pasar el día en el trabajo, salir corriendo para llevar a Julito, el pequeño, a clase de violín, y a Sarita, la princesa de la casa, a clase de judo, ir en el coche haciendo la lista de la compra, aprovechar la hora de clase de los niños para comprar todo y ajustándote a un presupuesto, recoger de nuevo a los niños, bajar niños, mochilas, compras con los tacones de ir a trabajar, organizar todo, ayudar con los deberes, hacer la cena,… y encima tienes que estar perfectamente bella, tener tu trabajo al día, hacer sentir a tus hijos queridos, a tu pareja el ser más maravilloso sobre la faz de la tierra, hablar con tus amigas, ir a comprar la colcha con tu suegra,… ¿Realmente piensas que no te mereces poder decir “¡STOP! Necesito tiempo para mí”? Pedir tiempo para descansar, para poder hacer cosas que nos gustan no es un derecho, es una obligación. Eso no significa que seas una persona irresponsable, ¡todo lo contrario! Lo que significa es que eres lo suficientemente responsable como para saber que necesitas descansar, estar contigo misma, coger fuerzas y volver a la vorágine. Porque si tú te vas desgastando, ¿quién verá a Sarita ganar su primera medalla de judo y a Julito tocar por primera vez con público?

 

Invertir dinero en ti es invertir en cuidarte.

A invertir dinero en ti: Y más aún a día de hoy, que este ambiente de crisis enrancia todo. No se trata de despilfarrar los ahorros de los últimos años en unos Christian Louboutin, pero si te apetece algo, si crees que necesitas algo, cómpratelo. No es necesario que estemos hablando de caprichos insustanciales para llenar vacíos, sino de aquello que necesitas. ¿Necesitas un masaje? Ve a que te lo den. ¿Te sientes mejor cuando te tiñen en la peluquería? Hazles una visita. ¿Necesitas ayuda profesional para poder adelgazar? Ponte en manos de profesionales. Las mujeres tendemos a no invertir en nosotras mismas “por si otro lo necesita”. Aprende a saber lo que es realmente necesario, y sí, recibir un masaje, a veces es muy necesario, más que unos gemelos con brillantes para San Valentín.

 

 

Rompe las máscaras y déjate mostrar al mundo.

A ser tú misma: Y es que la autenticidad es clave. Eres lo que eres, tienes los deseos, necesidades, fantasías y anhelos que tienes. Acéptalos, no intentes dejar de ser tú, porque ya eres maravillosa tal y como eres. A veces necesitamos sacar a la superficie ese lado de nosotras porque nos ha ido ocurriendo en la vida las suficientes experiencias como para habernos perdido entre ellas, pero bajo todas esas capas existe una mujer maravillosa, digna, valiosa, con su propia visión de la vida y de lo que quiere para ella misma. Y, creéme, es mejor ser tal y como eres que vivir para los demás. Las personas somos como las gomas elásticas; podemos expandirnos, incluso adaptarnos, pero siempre tendemos a nuestra forma original. Y mientras tanto, te estiras, te desgastas e incluso, te puedes llegar a romper. Así que decide ser tú misma y sé feliz.

 

Dejar de tener miedo te permitirá abrirte, mostrar tu verdadero “yo” y sentirte cómoda en tus propios zapatos. Dejar de tener miedo es la forma en la que podemos ser auténticas, relajarnos y comenzar a vivir desde el orgullo de ser quien somos y no desde lo que se supone que tenemos que ser para los demás. Dejar de tener miedo es el primer paso para vivir una vida plena, para conocerte y reconocerte.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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