Dietas restrictivas, ansiedad, caramelos y experimentos sociales

dietas-restrictivasEsta mañana, como todas las mañanas, estaba repasando qué ha ocurrido en la red mientras yo fabricaba sueños y una de las cosas que más me han llamado la atención fue un debate en donde se decía que todas las dietas restrictivas estaban avocadas al fracaso porque las prohibiciones nos generan ansiedad.

Sobre esto habría mucho que decir, mucho que analizar, casi se podría hacer un tratado, pero hoy quiero fijarme en algunos puntos de esta afirmación que, si damos por verdadera, sí que estamos avocados al fracaso. Y no quiero con este artículo defender ningún tipo de dieta, y menos las dietas restrictivas, sino hacerte ver qué trampa tiene este tipo de afirmaciones.

Lo primero es qué es ansiedad. No quiero generar hoy un tratado sobre ansiedad, sólo decir que la ansiedad es la respuesta fisiológica a una situación de anticipación (o, en otros términos, al futuro). Y no sólo físiológica, sino psicológica, de conducta, cognitiva e incluso social. Pero para poder llamar a algo “ansiedad” se deben dar respuestas a todos estos niveles. Existe mucha controversia sobre qué es ansiedad y qué no lo es, ante qué se desata y ante qué no, pero la única verdad es que generar ansiedad por no poder comer un alimento es algo que nos va en contra. De nosotros mismos y de nuestra mejora vital.

Por tanto, podemos desarrollar nerviosismo ante una situación que no controlamos, podemos desarrollar poca tolerancia a la frustración, pero, ¿ansiedad por no poder comer algo? Esto es lo que realmente tenemos que analizar, si esa ansiedad realmente existe, si es porque no podemos comer algo determinado y si es adaptativa y funcional (es decir, si juega a nuestro favor) o no y de dónde viene.

Mientras leía los diferentes tuits sobre este tema me he acordado de un experimento que realizó Walter Mischel hace ya unos cuantos años. En este experimento se les decía a una serie de niños que si querían un caramelo. Todos los niños, sin excepción, dijeron que sí. Entonces el experimentador les mostraba un caramelo y les decía que tenía que salir por unos minutos de la sala. Si cuando volviera el caramelo seguía intacto, le daría dos.

Experimento similar al planteado por Mischel en la década de los 60.

Durante los años posteriores al experimento se investigó la efectividad de estos niños en la escuela, su estilo de vida y su relación con el entorno y se descubrió que aquéllos niños que se comieron el caramelo sin esperar  a que el experimentador volviera tuvieron un peor desempeño académico, tienen un estilo de vida más caótico, son más infelices y su entorno se ve negativamente afectados por ellos. La vuelta de tuerca de este experimento no está en poder determinar que un niño que se come el caramelo tendrá una vida más caótica e infeliz que otro que no, sino en subrayar la importancia que tiene el aprender a controlar nuestros impulsos.

Así, cuando dices  “las dietas restrictivas nos provocan ansiedad” estas responsabilizando a la dieta de que te provoca ansiedad, en vez de ser tú quien asume la responsabilidad de que no eres capaz de controlar tus ganas de comer determinados alimentos. Y sí, la forma en que nos expresamos tiene mucha fuerza pues nos indica qué es lo que hay en nuestro mundo interno: en este caso, yo no me responsabilizo de mis atracones, de no controlarme, sino a la dieta, que es que es muyyyy dura… Lo que podría llegar a traducirse en “yo no me responsabilizo de las consecuencias para mí de no controlar mis impulsos”.

Las dietas restrictivas, por tanto, no son las culpables de que tengas un efecto rebote o que de repente te des un atracón. Tal vez la ansiedad no viene por no comer alimentos, sino por no poder controlar que tendremos al instante cualquier cosa que querramos, o, dicho de otra manera, por tener que comenzar a controlarnos.

Piénsalo por un momento: si lo que te ha traído al punto actual con respecto a tu cuerpo es el comer, por ejemplo, mucho chocolate, ¿no será una de las soluciones -que no la única- restringir ese consumo de chocolate? Y más aún sabiendo que esa restricción es temporal, hasta que estés en tu peso sano y puedas mantener una dieta equilibrada y saludable. Es entonces en donde comienza el verdadero trabajo: ¿qué beneficios te aporta el comer chocolate o cualquier otro alimento que sabes que no has de consumir en grandes cantidades? ¿para qué comes todos esos alimentos que sabes que no te hacen bien? La razón ya la conoces: te gusta y no puedes reprimir tu instinto de comer chocolate. Bien. Pero hazte el regalo de preguntarte PARA QUÉ, qué hay detrás de esa ingesta de alimentos erróneos para tí, qué hay detrás de esa negación a ponerte a dieta ¿para qué permites que una situación, como puede ser la restricción temporal de alimentos, te provoque ansiedad?

Si no comienzas a coger las riendas de tu vida, a responsabilizarte de tu control alimentario, saber que tú has de escoger la mejor dieta para tí, que has de focalizarte en un objetivo y esforzarte por tenerlo, difícilmente podrás conseguirlo. Pero no es cuestión de la dieta en sí, es cuestión de tí, de tus herramientas personales y de cómo has decidido protagonizar tu vida.

 

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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3 comentarios en “Dietas restrictivas, ansiedad, caramelos y experimentos sociales

  1. Genial Eva!! Como siempre!,!! Mñana en la ofi me lo imprimo y me lo pongo en la nevera! Esta noche empiezo dieta y me vendra genial! Un besote y como siempre gracias por tus grandes consejos!

Y tú, ¿qué piensas?