Me opero

Sí, tal cual. No hay que darle más vueltas; me opero. Me opero porque quiero, porque cuando has perdido -como yo- 70 kgs de sobrepeso, hay una serie de consecuencias en tu cuerpo, como podéis ver en estos dos vídeos de sendos sendos chavales que muestran su cuerpo tras pérdidas enormes de peso:

O el caso de este otro chico que perdió la friolera de ¡122 Kgs!

Ole sus narices. En serio os lo digo; me parece impresionante que estos chicos muestren al mundo las consecuencias que en su cuerpo han quedado por perder peso. Aunque yo no tengo el cuerpo ni la piel tan destrozada como estos chicos, no os voy a mostrar cómo se ha quedado parte de mi cuerpo tras la pérdida de peso; lo creo innecesario. Lo que sí creo importante es deciros que ante una pérdida de peso severa, estas consecuencias existen. Me dijeron una fórmula no vivir ésto: anabolizantes y unas cuantas burradas más que podría hacerle a mi cuerpo pero, claro, el cambio era notable, no se me caería la piel. A cambio podría aprender a hacer cockteles de variados fundamentos químicos, maltratar mi cuerpo a base de medicamentos y vivir en el gimnasio. Así sí. Pero decidí la vida sana (como estos chavales) lo que no tiene que ver con gimnasio sino con cómo te tratas a ti misma y yo decidí tratarme con respeto; ese compendio de drogas legales e ilegales que me ofrecieron para mí es, desde luego, un maltrato a mi propio cuerpo. Porque por mucho gimnasio que hagas, hay una parte que nunca vas a recuperar, una piel caída, unos pechos vacíos, unos brazos del tipo “alas de murciélago” que ni el mejor de los entrenadores personales ni el mejor pase al gimnasio con la última tecnología puede ayudarte a recuperar.

Nota mental 1: Escribir un post en el que hable de aquéllas personas que cambian el enganche al chocolate por el enganche al gimnasio y se permiten el lujo de darse atracones de gominolas, chocolates, dulces o costillares a pares pero de cara a la galería siguen “sanos”, que los hay y muchos.

Hay algo que nunca nos cuentan con sinceridad; qué pasa después. Qué sucede con tu cuerpo y cómo es mirarte en el espejo cuando la persona que hasta ahora has conocido deja de ser conocida para convertirse en alguien diferente, alguien que tal vez nunca imaginaste. Alguien que se mira al espejo y no ve reflejado el trabajo que ha hecho para tener un cuerpo determinado. Como mi gran y querido amigo Sergio dice, ” Nadie está obligado a mirar en el espejo el cuerpo de una persona que no es.” y sí, en muchos casos la flaccidez, los pechos caídos, el abdomen deformado es un precio que cuesta aceptar.

En mi caso no realizo la operación porque sienta un enorme complejo sino que priorizo algo diferente; quiero tener un cuerpo sano y preparado para lo que el futuro me pueda deparar. No me gustan mis brazos pero tampoco los escondo; son parte de mi historia. Mis pechos están vacíos y caídos, pero jamás ha habido una luz apagada por ellos en todos estos años; muestran mi cambio. Me he aceptado con mi piel fláccida y caída porque lo que he ganado al perder 70 kgs está por encima de esos detalles pero quiero mirar al espejo y pese a las cicatrices, ver una imagen real de lo que me he trabajado y sigo trabajándome. Y quiero poder plantearme cosas tan sencillas como la maternidad sin miedo a que mis pechos, por su drástico cambio, sean un lastre más que una ventaja en esa aventura.

Pero una cosa tengo clara; ni unas cicatrices, ni una flaccidez, ni unas estrías, ni unos pechos vacíos, nada de ello es razón suficiente para dejar de vivir en un cuerpo sano, para evitar la aventura de descubrir las razones por las que nos hemos tratado hasta llegar a este punto de obesidad, para empezar a cuidarnos de verdad, por dentro y por fuera. Que el miedo a no reconocerte no te haga dejar de conocerte.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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