Cosas a las que debemos dejar de tener miedo en pareja

Las relaciones de pareja son fuente de satisfacción, bienestar y alegría, pero también son una de las mayores fuentes de conflicto, un conflicto que viene determinado, muchas veces, por los miedos que subyacen pero, ¿cuáles son esos miedos?

Cuando conocemos a una persona nueva y ésta entra en nuestra vida con el rol de pareja o de “futurible” (es decir, posible pareja) nos embriaga una sensación de bienestar y de “buenrollismo” pero poco después –en algunas ocasiones semanas o meses y en otras, minutos- empiezan los miedos a hacer aparición. El problema es que esos miedos nos hacen comportarnos de una determinada manera y es normal; queremos evitar que ese miedo se haga realidad. Así que en vez de disfrutar de a relación empezamos a actuar desde el miedo lo que se traduce en celos, desconfianza y actitudes que pueden agobiar a nuestra pareja, pero que además no nos permiten estar tranquilas y en paz y que finalmente mueven nuestra vida a “hacer cosas por amor”. Mentira; no las hacemos por amor, sino por miedo; el miedo en pareja.

 

Cuando la psicosis se apodera, dejas de tener una pareja para tener un frente de lucha.
Cuando la psicosis se apodera, dejas de tener una pareja para tener un frente de lucha.

Ser conscientes de esos miedos nos ayuda por un lado a superarlos y ser libres pero también a tener una relación de pareja equitativa, justa, satisfactoria y que llene a ambas partes, así que aquí te dejo unos cuantos de estos miedos para que los medites:

 
A que se divierta más con sus amigos que contigo

No saques la artillería pesada cada vez que queda con sus amigos.

Para empezar, es normal que se divierta con ellos porque ¡para eso son sus amigos! Sus amigos tienen un papel en su vida y tú tienes otro diferente. Punto. No eres su colega de farras y si no te gusta el fútbol es absurdo que comiences a ser forofa de su equipo sólo para poder colarte en su vida social o que comiences a beber gin tonics para poder acompañarle a las catas sin fin que hace los sábados por la noche o que le estés tentando, cada vez que sale, con mensajitos sexuales para que vuelva a ti en formato empotrador y deje a sus amigos colgados. Tu papel en su vida es tan importante como el de sus amigos y no es comparable pero sí complementarios; mantener la vida social individualmente es positivo, siempre que ambas partes se encuentren a gusto. Entre llevar dos años de relación y no conocer a su entorno y hacer absolutamente todo juntos hay un término medio en donde se encuentra un punto de equilibrio saludable. No compitas con ellos porque siempre vas a perder; o escogerá a sus amigos o tendrás al lado a una persona que ha perdido su vida social, con todo lo negativo que eso conlleva. Y si tu miedo viene determinado porque “hace cosas malas cuando sale por ahí” es sencillo; ¿quieres convivir con el Dr Jeckyll y Mr Hyde? Si a pesar de todo es un “sí”, ¡acéptalo! Él es así y tú lo has elegido, no trates de cambiarlo. Y si la respuesta es no, ya sabes cuál es la decisión a tomar; cada mochuelo a su olivo y tan feliz.

 

A que su entorno no te acepte

Aunque tengas dos cabezas, si él te ha escogido es por algo, así que ambas cabezas ¡bien altas, querida!

Ya sea por tu peso, por el color de tu pelo, por tus tatuajes, por esos calcetines de colores, por tu trabajo o por tu nivel económico, si te sientes insegura con respecto a la aceptación que pueda tener su entorno de tus “peculiaridades” piensa tan solo una cosa; él te ha elegido. Por tanto, él quiere estar contigo con todas esas peculiaridades porque ¡ya las conoce! Si su entorno no te acepta, en todo caso será función suya defender sus elecciones, al igual que con cualquier área de su vida, así que olvídate de cambiar tu precioso tono rosa de pelo por un aburrido “chocolate con reflejos de sol”, de estudiar –si no es algo que ya estaba en tus planes- para que te acepten sus padres o de taparte los tatuajes para que Joselito, su amigo del alma y que piensa que las mujeres con tatuajes son hijas de presas en Alcalá-Meco, no te mire con desdén. Eres como eres y eres maravillosa; si tú le aceptas tal y como es y su entorno no lo hace contigo, quizás es hora de que tu Adonis personal reclame su derecho a vivir la vida que desea y con quien la desea. Y si no tiene la fortaleza para hacerlo ¿quieres compartir tu mundo con alguien que se deja manipular por el “qué dirán”?

 

A ser prescindible

Si quieres ser mamá, mejor quédate embarazada; te va a dar menos quebraderos de cabeza.

Este miedo es uno de esos escondidos y que más daño pueden hacerte. ¿Por qué? Porque cuando tienes miedo a ser prescindible en su vida, haces cosas, muchas cosas, para volverte imprescindible y en vez de una pareja acabas teniendo un bebé que no sabe enfrentarse a según qué cosas en la vida, así que pasas de ser su pareja a ser su madre y ¿eso es lo que quieres? Pequeñas cosas, que en un primer momento pueden parecer un precioso detalle, pueden irse viciando hasta convertirse en un arma de doble filo como, por ejemplo, ayudarle con sus cuentas o buscar información que en un momento dado necesita. Déjale que aprenda, déjale que sepa gestionar su propia vida. Ya lo sé, tu querido es muy patoso con los números, pero una calculadora está al alcance de todos (mira el menú de tu teléfono móvil) o es que él se maneja fatal con internet, pero Google ha conseguido que encontrar cualquier cosa sea juego de niños. Al hacerte imprescindible estás viciando tu relación, consiguiendo que se mantenga a tu lado no por lo que eres, sino por lo que haces por él. Otro tipo de conductas, más del día a día, puede ser planchar su uniforme mientras él se ducha, hacer la compra de las cosas personales que él necesita (desodorante, calzoncillos, colonia, espuma de afeitar, etc.) o recordarle cuándo tiene que entregar la declaración de hacienda. En el fondo, todas estas conductas mantenidas en el tiempo, y no como un detalle puntual, parten de una baja autoestima; no te consideras, por ti misma, suficiente así que haces cosas que te lleven a situarte como el pilar fundamental de su vida. Y no sólo son negativas por lo que subyace, sino porque acabas con una montaña de responsabilidades que no son tuyas, pasando de ser su pareja a ser simplemente una facilitadora de su vida. En su extremo, este tipo de relación se llama codependencia y puede ser muy dañina para ambas partes.

 

A que no te quiera

Mendigar amor sólo te lleva a arrastrarte y humillarte a ti misma

Siempre que hablo de este tema, recuerdo la canción I´m gonna make you love me, de Diana Ross & The Supremes en donde, poco más o menos, se grita a los cuatro vientos que el que me amen depende de lo que yo haga. ¡Toma ya! Las emociones son responsabilidad de cada uno; cuando tú te enfadas, te enfadas tú, no es la otra persona la que te enfada; tú eres responsable de tus emociones y sentimientos y, por tanto, las demás personas también. Cuando haces cosas que en cierta medida van en contra de ti misma sólo por el hecho de que crees que de esa manera vas a conseguir que te quiera, estás entrando en un círculo vicioso del que puede que te cueste salir. Además, como en el anterior caso, lo que subyace es el pensamiento de que por ti misma no eres suficiente para ser amada, así que tienes que conseguir que te amen porque además, si lo consigues, no es porque la otra persona haya decidido o sentido que ha de ser así, sino porque tú eres la leche, lo cual va a aumentar tu autoestima, sí, pero también la porción de poder personal que le das a la otra persona. ¡Deja de engañarte! Nadie va a amarte si no desea hacerlo, si no está abierto a ello o si, simplemente, no encajáis. Ojo, no confundas el hacer cosas para que me quiera con tener detalles o demostraciones de afecto y amor o con la etapa de cortejo (como todos los animales, la tenemos y además es muy sana); la diferencia es la razón que te lleva a hacer las cosas. Cuando tienes demostraciones, es algo que te sale de dentro, que haces no por la otra persona sino por ti, como forma de comunicación. La etapa de cortejo consiste en darte a conocer y, a no ser que seas Maléfica, comenzarás mostrando aquello que consideras que es lo mejor de ti, pero siendo siempre genuinamente tú. Pero cuando el objetivo es que te quiera, sí, quizás piensas que te sale de dentro pero en realidad sabes que no te ama y lo que pretendes es hacer que así sea. Ejemplos pueden ser los regalos, escuchar durante horas sus problemas no por genuino interés sino para que vea lo maravillosa que eres, aceptar sus aficiones como tuyas cuando en realidad no te interesan o incluso tener relaciones sexuales no por el placer de tenerlas o como forma de encuentro de pareja, sino para dejarle con la boca abierta. Lo siento, pero cuando alguien no desea amar, no puedes hacer nada. Y si de alguna manera la persona en cuestión te deja entrever que para que te ame tienes que hacer algo determinado, ¡huye! Estás frente a un manipulador emocional como la copa de un pino.

 

A que no se comprometa

Atraer hacia el compromiso a alguien que no lo desea no se consigue si quiera a base de polvos (y no precisamente de los mágicos)

Nuestra cultura tiene un punto muy diferente a otras culturas; pretendemos ponerle nombre a todo y, desde un primer momento, buscamos un compromiso e incluso una monogamia. Las relaciones van cambiando y poco a poco estamos aceptando otros paradigmas de relaciones, como mantener abiertas varias relaciones hasta escoger una (muy habitual en los países anglosajones) o incluso aceptar relaciones de “follamigos” (relaciones de amistad con sexo pero sin compromisos). La relaciones son para conocerse, lo bueno, lo malo, lo demoníaco y lo divino de la otra persona, pero también lo que podemos construir juntos. A veces una persona simplemente no quiere compromiso y si desde el principio así te lo manifiesta, no lo dudes; no se va a comprometer. ¿Qué existen relaciones que empezaron en la cama y acabaron en el altar? Cierto es, y todos conocemos casos así, pero si tu intención es una relación estable y de compromiso, no te metas en aquéllas que sabes que no van a ir por ahí; es una pérdida de energía terrible. ¿Por qué? Porque sin darte cuenta, vas a hacer cosas para que la relación se dirija hacia donde tú quieres; encontronazos “casuales” con él y sus amigos, “olvidarte” el cepillo de dientes en su baño, dejar tu ropa interior escondida en los pliegues de la sábana (la traducción a humano de “marcar territorio”) o incluso comenzar a espiar sus comunicaciones para verificar si existen otras personas. ¡Qué agotamiento! Y, desde luego, es la crónica de una muerte anunciada. Tú tienes todo el derecho a escoger qué y a quién quieres en tu vida, y la otra persona también, así que respétala y respeta sus decisiones, vive lo que la otra persona quiere darte si es lo mismo que quieres tú y si no, deshazte de relaciones en la que lo que prime es el reto de conseguir que pase algo que tú deseas y la otra persona no; en el mejor de los casos vas a acabar agotada y en el peor, sola, dolorida, cansada y con la autoestima por los suelos.

 
Creo que, por ahora, es suficiente para comenzar a pensar en nuestras relaciones actuales, pero también en las pasadas, en qué hemos aprendido de ellas y, sobre todo, si con la excusa de “¡yo lo hacía por amor!” en realidad lo estabas haciendo por miedo.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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