Pensamientos y adelgazar: ¡Tengo que comer!

Muchas personas me dicen que cuando comen es sencillo; no piensan. Pero eso no es del todo verdad ya que, seamos o no conscientes de ello, el ser humano está constantemente generando pensamientos. Y sí, desde luego, esos pensamientos influyen muchísimo a la hora de tener una buena relación con la comida.

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Comer sin hambre porque hay comida cerca es muy habitual

Imagínate que estás en casa, aburrida, sin saber muy bien qué hacer y, cuando te das cuenta, estás en la cocina buscando algo de comer. Ves al fondo del armario esas galletas con chispitas de chocolate que tanto te gustan y te dices a ti misma que, bueno, por una no pasa nada y al final te ves tirando el paquete de galletas a la basura o, peor aún, escondiéndolo para que nadie te pregunte si has sido tú quien ha acabado con todas las cookies.Pero no es la única vez que te ha pasado y te preguntas una y otra vez por qué sin darte cuenta de que tus pensamientos y adelgazar van de la mano.

Bueno, pues una de las razones (pero desde luego no la única) es que tus pensamientos están erre que ele con que hagas determinada cosa. Repito: seguramente no eres consciente o sólo lo eres unos milisegundos, así que no es algo diferente al resto de acontecimientos en tu vida. Las personas pensamos constantemente. Aunque yo no sea consciente, en este momento estoy pensando cómo se escribe cada palabra para poder plasmarlo. La mente funciona antes, durante y después de haber llevado a cabo cualquier cosa. La diferencia es si ese pensamiento me ayuda a obtener mis objetivos o no.

Uno de esos pensamientos, que me encuentro muy a menudo entre mis clientes y lectores, es el de “Tengo que comer cuando me apetezca y más si hay comida cerca”. En realidad el pensamiento es confuso de base; no hay que comer cuando apetezca, sino cuando tengamos hambre que para eso es la comida. Obviamente, la comida tiene funciones secundarias, como es el placer, la socialización, etc. Pero si siempre usamos la comida por esas funciones secundarias es que estamos teniendo un problema de relación con ella. Por ejemplo, si siempre necesito sentir placer y lo busco a través de la comida, estoy teniendo un problema con la comida pero la base es que algo hay en mí, en mi vida, en mis relaciones que me hace sentir insatisfecha y, por tanto, busco la satisfacción en la comida. Esta sería una de las razones más allá del pensamiento. Sin embargo, el pensamiento es un primer paso.

Una de las técnicas que podemos usar para acabar con estos pensamientos es la que se basa en dejarnos a nosotras mismas sin argumentos. Para ello, lo que hay que hacer es

1. Identificarlo.

2. Parar.

3. Racionalizar el pensamiento.

Por ejemplo, cuando tenemos comida cerca, estamos en celebraciones, aburridos en casa, paseamos por la calle y el olor de comida recién hecha nos embriaga, etc. Son situaciones en donde podemos identificar el pensamiento de “Es que como hay comida…” y es muy posible que te pilles a ti misma con otro tipo de pensamientos, del estilo “he de comerme este kebab”, “Jo es que ¡está tan bueno!” o “no puedo resistirme a comerme un trozo de tarta”. En el fondo es algo así como “no resisto no quedarme sin comer eso” lo que, como imaginarás, te va a llevar a comer sin hambre. Pero, además, después de comer siguen existiendo pensamientos, seguramente de reproche y de culpabilidad.

Así que trata de hacerte más consciente de tus pensamientos en este tipo de situaciones, así conseguirás identificarlo. ¡Bien! Aunque no  lo creas, es un gran paso. Luego trata de parar. Para ello, puedes desarrollar alguna estrategia del tipo irte a otro lado, respirar, levantarte de la mesa con alguna excusa, etc. De lo que se trata es de parar unos segundoss para poder llevar a cabo el siguiente paso; racionalizar los pensamientos.

Para racionalizar el pensamiento, simplemente contraataca con alguna de estas preguntas:

– ¿De verdad tienes que comerte eso? ¿Es una obligación?

– ¿Hay alguna ley que te obligue a hacerlo?

– ¿Te van a querer menos si no te lo comes?

– ¿Te vas a morir de hambre si no lo haces?

Lógicamente, la respuesta a todas estas preguntas es un NO como una catedral. Quizás te digas que vale, no lo necesitas, pero está muy rico. Entonces pregúntate si comer así, sin hambre, es algo que quieres para ahora o lo quieres para siempre. En realidad no hay ninguna razón por la que tengas que comértelo (verbo tener, obligación) así que puedes decirte a ti misma “no hay obligación de comerme ésto, no tengo esta necesidad, así que puedo resistirme a esta tentación”.

Cuando comiences a practicar, algunas veces lo conseguirás y otras veces, no. Pero no te preocupes, como todo en la vida, es simple práctica pero el simple hecho de conseguirlo una vez, ¡ya es un reto superado! Ánimo, remodelar tu relación con la comida es una carrera de fondo, pero puedes llegar a la meta; sólo tienes que proponértelo.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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2 comentarios en “Pensamientos y adelgazar: ¡Tengo que comer!

  1. Estupendísimo artículo!! Pienso que es absolutamente cierto todo lo que dices!!, es evidente que has pasado por ello y tus artículos nos ayudan muchísimo, más aún tu ayuda en consulta privada, a la que he tenido la suerte de asistir. Gracias Eva por ayudarme a ser responsable de mi adelgazamiento y a ordenar mis pensamientos, este artículo lo refleja maravillosamente.
    Te deseo lo mejor!!
    Muchos besitossss

Y tú, ¿qué piensas?