¿Y si hacemos lo que tenemos que hacer? Adiós a la procrastinación

La procrastinación nos afecta en muchas áreas, no sólo a nivel laboral. Pero ¿cómo dejar de procrastinar? 

Dejar de procrastinar es fácil, sólo tienes que planteártelo.
Dejar de procrastinar es fácil, sólo tienes que planteártelo.

La semana pasada hablamos de la “procrastinación”, una palabreja complicadilla que simplemente nos indica que estamos dejando de hacer cosas que deberíamos hacer. Los efectos pueden ser muchos, pero a nosotros lo que más nos interesa es que podemos estar usando la comida como forma de procrastinar (en vez de estar comprando ese vestido que necesito, como sé que no lo voy a encontrar ya que nada me sienta bien y voy a hacer el ridículo, me quedo en la cervecería tomando tapas) y como bomba contra nuestra autoestima (como no he conseguido comprar ese vestido, me siento muy mal, soy una gorda y no tengo solución, no puedo hacer nada por cambiar esta situación).

Así que para dejar atrás los efectos de posponer tareas, aquí tienes unos pequeños consejos que te pueden servir para llevarlas a cabo y, con ello, aumentar la confianza en ti mismo y no usar la comida como vía de escape.

  • Quiero: Empieza por cambiar las frases que comienzan por “Tengo que” por “quiero hacer”. Si te obligas a hacer algo, te estás forzando a hacerlo y, por tanto, es muy probable que tu primera reacción sea rebelarte contra esa tarea. Pero si asumes que es algo que quieres hacer por ti mismo, esa rebelión se disipa. “Claro –pensarás- muy fácil, pero hay cosas que realmente no quiero hacer”. Bien, ¿qué tal si ante esas tareas piensas “Quiero hacer esto para poder sentir que puedo hacer lo que me proponga, aunque no me guste”? Conseguirás quitarle esa carga de obligación a la tarea, convirtiéndola en un reto personal que te hará sentir mucho mejor contigo mismo cuando la superes.
  • Cambia de estado de ánimo: Vale, lo sé, es difícil, pero si te rodeas de estímulos que te permitan cambiar tu estado de ánimo, te verás más motivado a hacer las tareas. Para cambiar de estado de ánimo lo que tienes que hacer es buscar algo que te haga feliz, que te ponga contento. Y no, deja de pensar que a ti lo que te pone contento es comer, estoy segura de que existen muchas otras cosas. ¿Qué tal un poco de música? ¿Qué tal algo que te haga reír a carcajadas, como un video de un monólogo de humor que te guste? ¿Qué tal mirar esa foto en la que apareces tan guapa y feliz? Tómate unos minutos antes de comenzar tu tarea para conseguir llegar a un estado de ánimo positivo.
  • Pasito a pasito: Acostúmbrate a analizar todas las tareas para convertirlas en pequeñas tareas que sean mucho más fácil de realizar. Por ejemplo, tienes que organizar la mudanza, pero claro, esa es una tarea muy aburrida y tediosa. Si piensas “tengo que terminar la mudanza” te estás poniendo en la tarea global. Si piensas, “tengo que comenzar la mudanza” te estás poniendo en el lugar de pequeñas tareas que te permiten comenzar. Así que piensa, ¿cómo puedes comenzar tu tarea? Si los bloques de subtareas te siguen abrumando, hazlas más pequeñas aún. Así pues, si ante esa pregunta la respuesta es “Recogiendo la cocina” pregúntate, “¿Cómo empiezo a recoger la cocina?” Intenta siempre crear tareas pequeñas y de fácil solución. En este caso, por ejemplo, podría ser comprando cajas de embalar especiales para cosas frágiles.
  • Elimina distracciones: Lo siento, quizás esta sea la parte que más le cueste a mucha gente, pero tienes que concentrarte sólo en realizar esa tarea. Así que fuera Messenger, facebook, mail o cualquier otra cosa que te pueda resultar mucho más atractiva que realizar tu tarea. Y, desde luego, nada de hacer viajes a la cocina. Si quieres, ponte en el frigorífico un papel que diga “¡Eys! Quieto, que tienes que hacer esta tarea”. Búscate las estrategias que quieras, pero nada de permitir distracciones.
  • Prémiate: Busca pequeñas recompensas (recuerda, nada de recompensas asociadas con la comida) que puedas darte al terminar cada fase de la tarea. Así, por ejemplo, cuando termines el bloque de tareas de “recoger la cocina” puedes darte 10 minutos en silencio, o delante de la tele, o bajar al parque a darte una vuelta. Las recompensas han de ser fáciles, automáticamente accesibles (es decir, que las puedas realizar en el acto) y que te las puedas proporcionar tú mismo.  Así, por ejemplo, ir al parque de atracciones con tu vecino es una buena recompensa, pero si por cada bloque tienes que hacer algo así, tu tiempo, tus expectativas y tu bolsillo se verán frustrados. Escoge pequeñas cosas, cosas que disfrutes, que puedan hacerse con rapidez para no romper el ritmo de trabajo y que te sirvan para desconectar.
  • Felicítate: Siempre que acabes una tarea que no querías hacer o que pospongas con frecuencia, ¡felicítate! Celebra que la has completado, que has sido capaz de hacerlo. Sonríete en el espejo y siente ese triunfo que es tuyo, porque tú has tenido, por fin, la capacidad de hacer y terminar aquello que se te hacía tan empinado.

Como ves, con un poco de disciplina y orden, se pueden hacer todas esas tareas tediosas y controlar los efectos negativos sobre nosotros. ¿Ves? ¡Puedes hacer lo que te propongas! ¡Protagonizas tu vida!

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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Un comentario en “¿Y si hacemos lo que tenemos que hacer? Adiós a la procrastinación

  1. Si, llevas toda la razón, poco a poco me voy dando cuenta de estas cosas. El libro y el taller que hicimos me está sirviendo de mucho, muchas gracias.

Y tú, ¿qué piensas?