Reloj no marques las horas… Comer para dejar de hacer

La procrastinación es un término que sirve para definir que dejamos de hacer algo que no nos gusta, nos apetece o nos molesta. Y, ¿qué tiene que ver con la comida? Pues que, en algunos casos, es posible que uses la comida para procrastinar. 

procrastinación“Ays, ¡qué rollo! Bueno, lo dejo para luego, después de un cafelito y unas magdalenas…”

¿Te suena? ¿Alguna vez te has visto a ti mismo posponiendo alguna tarea que no te apetecía realizar y cambiándola por el placer inmediato de la comida? Cuando posponemos una tarea que tenemos que hacer estamos llevando a cabo una conducta que se llama Procrastinación. Esta palabra –difícil de pronunciar en muchas situaciones- lo que describe es la conducta de postergar actividades relevantes sustituyéndolas por otras menos relevantes pero que  nos dan placer inmediato, como la comida. Es decir, dejamos de hacer algo que tenemos que hacer y nos dedicamos a algo mucho más “divertido”, como puede ser comer.

Existen tres tipologías dentro de la procrastinación:

  • Por indecisión, es decir, la incapacidad de tomar decisiones.
  • Por evasión, es decir, cuando la tarea se evita por miedo a fracasar, a no saber hacerla o a sentirnos ridículos haciéndola.
  • Por activación, es decir, cuando lo dejamos todo para el último momento porque, en muchos casos, se necesita la presión de sentir que esa tarea es urgente para poder realizarla.

Sea cual sea el tipo de procrastinación que nos lleva a postergar las cosas, el resultado suele ser el mismo; refugiarnos en otras actividades, en este caso en la comida, para no enfrentarnos a hacer aquello que tenemos que hacer. ¿Es ansiedad? Puede ser ya que es uno de los efectos asociados. Por ejemplo, tenemos que comprarnos ropa nueva para un evento, pero pensamos que nada nos va a quedar bien (miedo al ridículo) lo que genera ansiedad, así que evitamos ir de compras (procrastinación por evasión) y nos metemos en la hamburguesería del centro comercial a pasar el tiempo. Pero en otros casos, no tiene que ver la ansiedad. Por ejemplo, siempre hemos sido estudiantes que se le da muy bien una asignatura determinada, así que confiamos tanto en nuestras capacidades que pensamos que el trabajo de fin de curso que nos han pedido nos será sumamente fácil y lo dejamos para el último momento (procastinación por activación) y el tiempo que debíamos tener dedicado al trabajo, estamos frente a la televisión comiendo palomitas.

Aunque es un ejemplo que se aplica esencialmente en el mundo laboral, la procrastinación también puede darse en otras áreas. Por ejemplo, hemos decidido que vamos a hacer algo por nosotros mismos, pero no sabemos qué. Hacer algo por nosotros mismos es algo muy importante y relevante, pero estamos indecisos, no sabemos si ir a un spa, salir un fin de semana al campo o comprarnos unos zapatos nuevos. Esta indecisión nos hace postergar el hacer algo por nosotros mismos y, para no tener que tomar la decisión, nuestra mente nos dice “¡Bah! Tómate algo, te relajas y lo piensas” y cuando te quieres dar cuenta, te estás tomando un donuts con el café pensando en la belleza de las orquídeas de Madagascar.

Así pues, en este caso, la ansiedad no es lo que nos hace comer, sino la procrastinación.

Las tareas que nos producen procrastinación suelen ser tareas poco motivadoras, ya sea por el estrés que nos genera, por la pereza, la apatía, la toma de decisiones que tenemos que realizar sobre ellas o porque, simplemente, no nos gustan. Y, en muchas ocasiones, cuando sabemos que tenemos cosas por hacer y no las llevamos a cabo, empezamos a tener problemas de autoestima; yo no valgo para esto, yo no puedo hacer esto, no soy lo suficientemente inteligente,… Y todo porque algo que puede ser muy sencillo, simplemente, no lo hacemos.

Así que lo primero es saber si cuando estamos ante una situación determinada es procrastinación o no. La semana que viene veremos unos cuantos trucos para poder combatirla pero, para ello, debemos saber si tenemos al enemigo en casa.  Así que cuando te veas en una situación en la que ya sabes que te estás refugiando en la comida, piensa, ¿estoy dejando de hacer algo que debería estar haciendo?

Toma consciencia de qué te sucede, es la única manera de poder hacer que deje de sucederte.

 

Sigue siendo más lista que el hambre con Eva Campos Navarro: www.evacamposnavarro.es

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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