¡Que le zurzan a la Mujer Maravilla!

Es innegable que las mujeres estamos sometidas a mucha presión. Madres, esposas, amantes, amigas, trabajadoras, hijas, etc. La perfección sobre dos piernas que, además han de estar estupendas. Y en esa vorágine, ¿dónde quedamos?

Estoy cansada de ver a mujeres maravillosas perdidas en esa vida, una vida de Mujer Maravilla, que acaba por hacer que su verdadera luz, su yo más verdadero, se vea apagado entre tantas capas de responsabilidades y de agotamiento. Y, en algunos casos –no todos- bajo capas de grasa. Mujeres risueñas que ya difícilmente se ríen a carcajadas. Mujeres que llevaban flores en el pelo y que han tenido que comprar flores de plástico porque si ellas no las riegan ¡nadie se encarga de hacerlo! Mujeres con mentes brillantes que ahora las ocupan en listas de la compra, de mails que enviar o de agendas ajenas. Mujeres que hacían un café desnudas después de una noche de sexo salvaje y que ahora lo hacen en chándal. Y ni qué hablar de esas noches de pasión que ya ni existen por el cansancio, el cansancio del cuerpo, del alma y del corazón. Mujeres, todas ellas, todas vosotras, increíbles pero cuyas vidas se han llenado de responsabilidades que, quisieras o no, acaban por ahogarte y hacer que dejes de volar.

Y encima, contenta porque ¡puedes con todo!

Perdón pero ¡Que le zurzan a la Mujer Maravilla!

No, querida, no has nacido con superpoderes. Y tampoco es algo que se aprenda, sino algo que se carga. Pero claro, aquí entran en juego muchas, muchísimas cosas. La primera, lo que la sociedad nos echa en la mochila. Está claro, mientras estés ocupada en criar, crecer profesionalmente, tener un aspecto socialmente aceptable (y aceptado), atender a tus amigos, tu familia y, además, tener siempre una sonrisa, poco tiempo te queda para cambiar lo que no te gusta. Quizás es que incluso ni lo has pensado, ni te lo planteas. Pero, claro, ¡qué bien le viene a la sociedad tenerte ocupadita en cosas que no te hagan pensar si tu salario es justo con respecto al de tus compañeros, si tus hijos están recibiendo una educación completa, si tu relación te hace crecer como persona o si, realmente, tu cuerpo –de talla 44- es tan antinatural como quieren hacernos creer! Y cuantos más “superpoderes” te asignan, menos preguntas te haces. Y menos respuestas de ti misma obtienes. Y te diluyes siendo que, al final, el único superpoder que tienes es el de mutar de mujer a oveja.

Pero claro, la sociedad puede decir misa, que si tú no les haces caso puede que llegues a ser una “rara”, una “rebelde” o, lo mejor que te pueden decir, “un poco zorra”. AMÉN, hermana. Sin esas raras, rebeldes y zorras, jamás habrías conseguido votar, poder tener sexo sin miedo a los embarazos, llevar minifalda, bikini e, incluso salir sola por la calle. Así que agradezcamos a todas esas antiMujeresMaravilla todo lo que nos han dado y empecemos a darles el  lugar que se merecen y a pensar qué estela queremos seguir. Y no, no se trata de salir a la calle y generar una nueva revolución, se trata de ser tú y sólo tú y si te apetece saltar charcos, ¡hazlo! Si te apetece sacar un día a tus hijos del colegio para ir a recoger conchas ¿qué mejor aprendizaje que el de apreciar las pequeñas cosas? Se trata de saber cerrar tu móvil del trabajo a una hora lo suficientemente decente como para tener vida propia; se trata de saber decir que no a la comida familiar del domingo porque te quedarás con tu chico toda la noche teniendo sexo salvaje; se trata, ni más ni menos, de recuperarte de entre tanta parafernalia de superhéroes porque, querida, ni lo eres, ni lo serás, ni te lo mereces. Te mereces mucho más.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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