STOP! ¡Para, paraaaaaaa! Frena y arranca. El estrés diario.

¿Cuántas veces te has visto completamente abrumada ante las responsabilidades diarias? Asumimos muchas responsabilidades en el día a día, quizás muchas más de las que en realidad podemos llegar a llevar a cabo. Sin embargo las asumimos con amor y entrega,con dulzura y atención hacia quienes más queremos pero… ¿qué sucede con nosotras? ¿cómo podemos parar esas sensaciones de agobio o de responsabilidad extrema? en este artículo te enseñamos unos pequeños trucos de fácil aplicación en el día a día para que puedas saber frenar y manejar esos pequeños momentos de estrés diario.

el estrés
a veces tenemos que aprender a parar nuestro frenético ritmo diario

Me levanté una mañana como otra cualquiera. Empecé a hacer el desayuno y la cafetera dejó de funcionar tras el primer chorrito de café. Mi hija me llamó desde el cuarto; se sentía fatal y estaba vomitando, así que rápidamente tuve que llamar a mi suegra: esa reunión tan importante con el director del área no podía ser postpuesta. Mario, mi marido, se levantó un poco más tarde de lo habitual y, cuando entré a maquillarme, aún estaba el cuarto de baño ocupado. Mi suegra llegaba tarde y Mario, con su pereza habitual, también llegaba tarde al trabajo. Tuve que quedarme a esperar y llevar corriendo al pequeño a la guardería para darme cuenta, cuando llegué a la reunión, que el dossier que llevaba dos semanas preparando se había quedado en casa dentro de mi ordenador portátil. Intenté acceder desde la oficina, pero la conexión se cayó y fue imposible de lograr. […] Como resultado de tan tremendo día, llegué a casa, di de cenar a los pequeños y después, mi momento de relax: tableta de chocolate después de un enorme plato de patatas fritas que acompañaba las sobras de pollo del día anterior.

¿Te suena un día parecido a este? No me refiero a que te haya pasado lo mismo, sino a verte en un día estresante que acaba contigo misma refugiada en la comida. Y, además, este tipo de actitudes es algo que nos pasa mucho más a las mujeres. ¿Por qué? Pues por algo sencillo pero a la vez inquietante: situaciones abrumadoras de este estilo nos suceden tan frecuentemente que las llegamos a asumir como algo natural pues pensamos que debemos darle todo a nuestros seres queridos así que asumimos tal cantidad de responsabilidades que, muchas veces, se nos olvida pensar en nosotras mismas.

Así que el quid de la cuestión es equilibrar lo que los demás demandan de nosotras y lo que podemos entregar y nuestra necesidad de frenar esta dinámica. Pero claro, es normal, asumir que tenemos que frenar un poco nos hace sentir culpables porque si no nosotras no nos encargamos de esas pequeñas cosas… ¿quién lo hará?

Bien, no se trata de cortar por lo sano lo que veníamos haciendo, se trata de encontrar todos los días un rato, un momento, para nosotras mismas. Frenar no significa dejar de hacer, sino parar el ritmo de las cosas.

Vale, muy bien, pero, ¿cómo frenamos un poco? Hay muchas técnicas que nos permiten frenar, pero aquí os dejo unas cuantas muy fáciles de hacer.

  1. Elige todos los días al principio de la mañana algo que harás para relajarte al final del día, como por ejemplo darte una ducha caliente. Tiene que ser algo que te satisfaga, que sea para ti sola y que no tenga nada que ver con comida. Cuando te sientas dentro de esa vorágine y necesites parar, simplemente piensa cómo te encontrarás cuando hagas eso que has pensado.
  2. Respira profundamente. Cuando te ves en medio de una situación que te lleva de cabeza, para unos segundos, cierra los ojos y respira lentamente, intentando llevar el aire al ombligo. Hazlo unas cuantas veces concentrándote en el ritmo de tu respiración. Cuando termines te encontrarás más relajada y habrás podido dar un frenazo a esa situación que te estaba arrastrando.
  3. Si eres de esas mujeres muy enérgicas que necesitan sacar su energía para que no explote dentro, haz este sencillo ejercicio. Sal a andar y, cada 5 minutos, da una carrera fuerte de 15 segundos. Este cambio de actividad primero conseguirá activar fuertemente tu metabolismo y, además, hará que puedas dirigir esa energía hacia fuera.
  4. Practica la meditación. Y entiéndeme, por meditación no quiero decir que te pongas como un monje budista tres horas a pensar en lo humano y lo divino, simplemente busca un lugar tranquilo, cerrar los ojos, respirar profundamente durante unos minutos, dejar fluir esos pensamientos de agobio y decirles “adiós, os podéis marchar, no me vais a dirigir”. Es sencillo y sólo se necesitan unos minutos al día.
  5. Identifica de quién es la responsabilidad y, aunque la asumas, si no es tu responsabilidad, dile a la persona responsable que lo harás esta vez pero que tiene que aprender que es su tarea. Así, por ejemplo, si tu compañero te pide siempre que le hagas las fotocopias, dile “Pepito, esta vez haré las fotocopias, pero si necesitas volver a hacerlas, puedes hacerlas tú, es tu tarea”. No te eches encima tareas y responsabilidades que no te pertenecen.

Frena, para y escúchate. Lo más importante en tu vida eres tú porque sin ti tu vida no funcionaría. Y tú eres responsable de no dejarte apabullar por la vorágine del día a día.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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