Un mirlo con mala leche y un mirlo blanco

Vivo en una zona maravillosa, al lado de un río, con zonas verdes y un lujo dentro de esta (y muchas otras) ciudades: niños jugando en la calle, sin miedo. Todo mi barrio es amable, excepto los habitantes de los árboles; una serie de gigantescos mirlos con muy mala leche y un metabolismo envidiable. 

El mayor problema que tiene el que los mirlos de mi barrio tengan una digestión de gusano (pues si no es así, no me explico cómo pueden generar tanto en sólo unas horas) es que los coches, el mío incluído, al cabo de unas horas de estar bajo un árbol parecen un cuadro de Jackson Pollock cabreado.

Hoy, como casi todos los días de esta semana, estaba lloviendo. Me acerqué al coche, como todos los días, deseando que los mirlos hubieran ayunado, pero mis plegarias no habían sido escuchadas, así que me dispuse a limpiar el cristal frontal bajo la lluvia.

“Al menos hoy”, pensé, “han sido benevolentes”.

Bajo la lluvia se me acercó un niño. No tendría más de 8 años y yo, la manía de ir sin paraguas por la vida. Llevaba un gracioso conjunto de botas, chubasquero y paraguas.

“Toma”- me dijo ofreciéndome el paraguas.

“Gracias” contesté con una amplia sonrisa. “Pero entonces, te vas a mojar tú”.

“No, porque mi mamá me ha comprado este abrigo y yo asi no me mojo. Tú no tienes paraguas, te vas a mojar”.

“Alberto, ¡deja a la señora en paz!”

“Señora…”- pensé yo- “¡A cualquier jovenzuela le llaman Señora!” pero más allá de este “chute” de autoestima contesté – “No molesta para nada, es más, está siendo lo más bonito del día”.

“Perdónele”- me dijo la madre mientras me cogía el paraguas. Y sin darme tiempo a más, tiró del brazo a mi adorable caballero chapoteante de hoy y se lo llevó mientras le gritaba “¡Cuándo vas a dejar de molestar por ahí! Ahora, claro, yo a poner la lavadora ¡te has mojado!”.

Alberto, pequeño mirlo blanco, si alguna vez lees esto… No, no escuches a tu madre, molesta con ese gran corazón a todo quien deba ser molestado, no dejes que esas regañinas sin fundamento te conviertan en un hombre gris de las profundidades de la tontería. Chapotea, salta, mójate, ensúciate, una lavadora es sólo eso, una lavadora… pero un corazón es mucho más que un órgano vital.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

Facebook Twitter Google+ YouTube   


Y, además, hago consultas privadas

contactoTodos estos temas y muchos más podemos tratarlos a través de consultas privadas. Sólo tienes que ponerte en contacto conmigo para una cita previa.

Los libros, a un click

Soy mas lista que el hambre Alicia en el país de las rosquillas, de Eva Campos NavarroUna Alicia especial, que te llevará a través de tu relación con la comida por un viaje de autodescubrimiento. O elige comenzar a ganar siendo más lista que el hambre. Dos libros relacionados pero muy diferentes entre sí que te ayudarán a reconocer las verdaderas razones de tu lucha constante contra los kilos de más y cómo acabar con ellas. Para siempre.  

Y tú, ¿qué piensas?