Consulta: ¡Si mi vida no fuera la que es, adelgazaría!

Una de las quejas más habituales que me encuentro es sobre la vida de cada una. A veces sentimos que la vida nos desmorona, que no tenemos tiempo de nada, que sin dinero no podemos cambiar, que… Que el “monstruo” es más grande que nosotras, pero sinceramente creo que es todo un compendio de excusas. Y me explico con un ejemplo de Celia, una chica que se puso en contacto conmigo el otro día:

no existen los monstruos, sólo los que quieras crear tú
No existen los monstruos, sólo los que quieras crear tú

Hola Eva, buenas tardes. Soy una mujer de 45 años, casada, con hijos y trabajo en un bar. El problema es que mi situación personal ahora mismo no me permite hacer una dieta; no tengo tiempo, ni dinero. Todo el mundo me dice que tengo que adelgazar e ir al gimnasio, pero ¿quién tiene tiempo? ¡Y dinero! Porque esa es otra, a mí no me sobran los 40€ del gimnasio. Estoy en una fase de mi vida que parece que todo se desmorona, vivo constantemente con una ansiedad por la comida horrorosa, siento que no tengo tiempo de nada y que por tanto, no puedo ponerme a hacer ejercicio ni dieta ahora mismo. ¿Qué me aconsejas?

Lo primero es ser conscientes de que “la ansiedad por comer” no existe. Puede ser ansias, gula, una manera de relajarte o de premiarte por el largo y duro día, pero no es ansiedad. Y creo que ésto es importantísimo, porque es una de las excusas más usadas, como si por el hecho de tener ansiedad ¡estuviéramos exentas de cuidarnos! No, señorita, eso no es así. Tú no tienes ansiedad, tienes estrés, tienes una situación que te supera, tienes miedo a no poder con todo, tienes hastío de tu vida, tienes lo que se llama de modo científico “estar hasta las narices de todo”, pero no es ansiedad, así que tu primera excusa, destartalada. Y, además, agregaría que es tu vida y si no la organizas y arreglas tú, nadie lo va a hacer. Así que empieza a responsabilizarte del estrés en el que vives y comienza a fijarte en qué cosas puedes hacer para no tener tanto porque estoy segura de que algo puedes hacer.

El resto de excusas, si quieres, te las voy desvencijando una a una. ¿Que no tienes dinero para ir al gimnasio? Perfecto, no hace falta que te gastes un duro. Sal a caminar, que es gratis y muy sano. ¿Que no tienes tiempo? No te preocupes, puedes comenzar dejando de usar el ascensor para subir y bajar de casa, o de usar el coche hasta para comprar el pan. Y busca diez minutos al día para ti, que seguro que organizándote un poquito y diciéndole a los demás que se responsabilicen de alguna de las cosas que diariamente haces y te agobian, puedes hacerlo.

¿Que comer sano es caro? Por el precio medio de una bolsa de patatas fritas (1,50€) tienes para un kilo de calabacin, por ejemplo. Y con ese kilo tienes para tres primeros platos; un puré, a la plancha y rehogado. ¿Que no tienes tiempo para cocinar? Tampoco pasa nada, córtalo en trozos, ponlo en el microondas y mientras te desvistes se va haciendo. ¿Que tampoco tienes microondas? Pues lo cortas finito, le pones sal, pimienta y un chorrito de aceite y tienes un carpaccio de calabacín buenísimo y diferente.

Podrás ponerme todas las excusas que quieras, y yo siempre encontraré una vía para destartalátelas porque yo soy de esas personas que creen que todo tiene una forma de superarlo, sólo que a veces nos cuesta ya que vemos el monstruo en su totalidad en vez de fijarnos en sus partes. Y eso es lo que te aconsejo; empieza a ver todo ésto que te dices como una excusa para no hacer lo que dices que quieres hacer. ¿Por qué? Pues quizás porque la comida es tu única vía de escape, o porque crees que en esta situación tan complicada no tienes derecho a pedir tiempo para ti, o porque eres una de esas personas que crees que darte es egoísmo -nada más lejos de la realidad- o por miedo a fracasar, o porque realmente no quieres adelgazar (que tienes tu derecho, ¡eh! faltaría más), o por,… Por muchas razones. Pero las excusas no dejan de ser pequeñas mentiras (conscientes o no) que nos decimos a nosotras mismas o a los demás para hacer o no hacer algo. Por ejemplo, te llama una amiga y tú lo que quieres es descansar, pero ¡¿cómo se lo voy a decir?! Así que le dices que tienes que tender la lavadora y punto, te quedas tan pancha repanchingada en casa. Éso es una excusa. Si te creyeras con el derecho a no estar siempre disponible directamente le dirías que estás cansada y que en otra ocasión. Éso es decir la verdad.

Una vez que asumas que son excusas, pon la neurona a funcionar y busca cosas que puedas hacer ya, aquí y ahora. Pequeños cambios en tu día a día, como introducir verduras en todas las comidas, dejar de usar el ascensor o llevar las zapatillas en el coche y antes de volver a casa, darte una caminata.

Sé que a veces tenemos una situación tan complicada que no podemos ver soluciones, pero solo tenemos que hacer una cosa; dividir en monstruo en partes e ir atacando una a una.

Y vosotros, ¿utilizáis excusas?

Si quieres hacerme una consulta o pregunta, puedes ponerte en contacto conmigo y publicaré un artículo como éste respondiéndola.

Coach, psicóloga y escritora. Soy más lista que el hambre, y tengo razones de peso.

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Y tú, ¿qué piensas?